2019
Iona Wikaira, Kaikohe, Nueva Zelanda
Notas al pie de página

Hide Footnotes

Tema

Retratos de fe

Iona Wikaira

Kaikohe, Nueva Zelanda

Iona Wikaira

A Iona le encanta el waka ama, el término en Nueva Zelanda para denominar al deporte del piragüismo polinésico. A Iona le gusta mucho estar en el agua, lejos de las presiones del trabajo.

Aunque afronta dificultades al ser oficial penitenciaria, Iona encuentra fortaleza y mantiene la calma por medio de la fe en Jesucristo.

Christina Smith, fotógrafa.

Iona Wikaira

He trabajado siete años como oficial penitenciaria. Trabajé en una cárcel de mujeres un año y después me transfirieron a una cárcel solo para hombres, en la que he trabajado los últimos seis años.

Una de las anécdotas conmovedoras de mi tiempo como oficial penitenciaria es cuando vi que una madre se reunía con sus hijos. No había visto a sus hijos desde hacía cuatro o cinco años. En los ojos de los niños se podían ver las lágrimas y el dolor por los años de separación. El reencuentro fue sobrecogedor, pero como oficial penitenciaria, no deben demostrarse emociones. Eso fue muy difícil para mí; tuve que mirar hacia otro lado para controlar mis emociones y tranquilizarme. Al ser madre, no podía imaginarme estar lejos de mis hijos durante años y no poder verlos, ni hablarles, ni siquiera compartir con ellos cómo me siento.

Como oficial penitenciaria una tiene que ser fuerte. Tenemos que ser capaces de protegernos a nosotras mismas y asumir el control. A veces las cosas pueden llegar a ser conflictivas, así que tenemos que ser firmes cuando nos comunicamos con los demás; en especial, al hablar con los reclusos, y al aplacar situaciones difíciles y potencialmente violentas. Eso puede hacer que algunas personas piensen que soy dura y rígida, pero no soy así todo el tiempo.

En el trabajo siento como si estuviera rodeada por el mundo, pero cuando salgo de allí y estoy en casa o en la Iglesia, me siento diferente a causa del espíritu que siento. Una de las alegrías de vivir el Evangelio es que no tenemos que ser del mundo; estamos en el mundo, pero no tenemos que estar con el resto del mundo.

Me encanta cuando llega el domingo porque puedo estar en la Iglesia, participar de un banquete espiritual y recordar a nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Me encanta tener eso. Disfruto de servir en la Iglesia y todo lo que el Evangelio ofrece para ayudarnos.

Hubo un tiempo en que fui del mundo y aprendí muchas lecciones difíciles. Estoy muy agradecida de que ahora estoy completamente activa, totalmente dedicada al evangelio de Jesucristo. A menudo deseo que todas las personas del trabajo sientan el gozo que yo siento como miembro de la Iglesia.

Me he dado cuenta de que cuando las personas de nuestro entorno laboral saben que somos miembros de la Iglesia, nos respetan a nosotros y a la Iglesia al ver que no renunciamos a nuestras normas a causa del entorno en el que nos hallamos. Por eso es importante para mí tratar de ser un buen ejemplo como Santo de los Últimos Días.

En cada situación, pienso: “¿Cómo le gustaría al Salvador que me comportase?” o “¿Cómo le gustaría a Él que resolviese esto?”. En todo lo que me sucede, trato de asegurarme de que mis actos reflejen lo que el Salvador haría. Eso me ayuda a ser mucho más prudente y a tener mucha más calma, incluso dentro de todo el caos del duro ambiente de trabajo.

Agradezco a mi Salvador y al Padre Celestial los desafíos y las pruebas que he podido vencer al tener fe y creer en Ellos. Cada vez que he pasado por pruebas y he hecho una oración, siempre he sentido paz en el corazón. Sé que no puedo vivir sin Ellos. Siempre reconozco Sus manos en todo lo que hago.