2018
Cuando me fue difícil prestar servicio
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Cuando me fue difícil prestar servicio

La autora vive en Santiago, Filipinas.

¿Cómo podría cuidar de alguien que tenía una actitud tan problemática?

Caring for the Elderly

Ilustraciones por Chris Thornock.

Una de las cosas más difíciles que he tenido que superar fue mi actitud de indiferencia. Si no sentía entusiasmo por lo que hacía, era fría e impaciente con las personas.

Aquello cambió por completo durante cierto receso escolar, en que se me pidió que cuidara de mi abuelo de 76 años de edad. “Dadi”, como lo llamábamos, había sufrido un accidente cerebrovascular que lo había dejado hemipléjico. Cuando mi familia me pidió que cuidara de él durante dos meses, apenas podía creerlo.

Tenía que levantarme temprano para prepararle el desayuno, el baño y las medicinas. Lo ayudaba a caminar un poco para proporcionarle su dosis de ejercicio diario. Puesto que tenía dificultades para moverse, estaba a su lado en todo momento, incluso mientras se bañaba y utilizaba el baño. Al ser una joven de dieciocho años, aquella era la parte más difícil.

Aparte de todo eso, era difícil estar con él; Dadi no es miembro de la Iglesia y tiene principios diferentes de los que yo tengo. Era un hombre lleno de pesar; siempre se hallaba gritando y jamás sonreía; y además, se quejaba constantemente diciendo: “Estoy muriendo”. Debido a aquella actitud, era difícil que entabláramos un buen vínculo.

Al principio, hice todo lo posible para evitar mis labores, pero aquello no dio resultado; así que decidí cambiar mi actitud y dar lo mejor de mí.

Tras una semana con esa nueva actitud, servir a Dadi llegó a ser un gozo para mí. Mi paciencia aumentó y llegué a comprender sus aflicciones. Conforme le presté servicio, dejé de considerar como una carga el estar con él y, más bien, lo vi como una oportunidad para pasar buenos momentos juntos.

Dadi también cambió; aquel anciano de ceño fruncido se convirtió en un abuelito sonriente y amable. ¡Incluso llegó a agradarle escuchar las canciones de Especialmente para la Juventud!

Una noche, lo oí hacer algo de ruido, así que me asomé a su habitación para averiguar lo que hacía; estaba orando por primera vez. Aquel cambio me inspira todos los días.

Ahora estoy de regreso en la universidad, pero continúo yendo dos veces al mes a visitar a Dadi con mi familia. Comemos con él y le cantamos. Su salud ha empeorado, de modo que ahora la ayuda más grande que puedo ofrecer es orar por él.

Estoy agradecida por la oportunidad de cuidar a Dadi, puesto que me ayudó a ver lo que soy capaz de dar. El amor es algo muy poderoso; conmovió mi corazón y también el de Dadi. He aprendido el significado del sacrificio y de la compasión. Ciertamente, ¡la caridad ilumina todo corazón!