2018
“De hecho, yo soy una de ellos”
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“De hecho, yo soy una de ellos”

Abby Thorne

Utah, EE. UU.

Bus Ride

Ilustración por Bradley Clark

Me acababa de sentar en el autobús cuando un hombre al otro lado del pasillo se me acercó y me dijo: “Tienes un alma hermosa”.

Por supuesto, me sorprendió. Nunca había recibido un cumplido sobre mi alma. Sin saber bien qué responder, solamente dije: “Gracias”.

El hombre me dijo que él podía saber debido a su trabajo en su grupo religioso. Lo escuché mientras me daba consejos de cómo mantener mi alma hermosa.

Cuando el autobús desaceleró al acercarse a la parada, ambos nos dirigimos a la salida y me dijo su último comentario: “Asegúrate de no escuchar a esos mormones”.

El tiempo pareció detenerse por un instante. Este hombre había visto algo especial en mi rostro, pero no sabía que era gracias a mi religión.

¿Cómo iba a responder? Para ser honesta, lo primero que pensé fue no decir nada y pretender que no lo había escuchado. Me preocupaba que, si le decía que era miembro de la Iglesia, tal vez respondería negativa o agresivamente.

Pero luego una Escritura vino a mi mente: “Porque no me avergüenzo del evangelio de Cristo; porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree” (Romanos 1:16). Me di cuenta de que no estaba avergonzada del Evangelio y sabía que mi alma no podía alumbrar a otras si no era un testigo. Con mi nueva resolución, miré al hombre y le dije: “De hecho, yo soy una de ellos”.

El hombre se quedó mirándome y yo a él. Para mi sorpresa, se rio y me dijo que él no podía unirse a la Iglesia porque le gustaba mucho el café. También me reí, y cada uno siguió su camino.

Hasta este día me alegro de haber tomado la decisión que tomé. Sé que puede resultar difícil ser un miembro de la Iglesia. ¡A veces puede ser hasta aterrador! Pero cuando somos testigos de Dios, nuestras almas pueden ser luces para el mundo.