2018
Cómo logramos el éxito al compartir el Evangelio
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Cómo logramos el éxito al compartir el Evangelio

Como conversos recientes, mi esposa y yo no sabíamos mucho acerca de cómo ser misioneros, pero nos pusimos la meta de compartirlo con cien personas.

Couples- Zimbabwe

Never y Everjoyce Chikunguwo

Mi esposa Everjoyce y yo somos de la pequeña ciudad de Mutare, en la frontera oriental de Zimbabwe. Poco después de ser bautizados y confirmados, nos sentíamos animados en cuanto a trabajar en la obra misional. Leímos que “el campo blanco está ya para la siega” (D. y C. 33:7), y aunque no sabíamos mucho sobre cómo ser misioneros, decidimos que teníamos que meter nuestras hoces, y cosechar con todo nuestro poder, mente y fuerza.

Éramos miembros de la recién creada Rama Dangamvura, ubicada en uno de los municipios de Mutare. En esa época, 1991, la rama tenía veinticinco miembros. Pronto fuimos llamados como misioneros de rama. Aprendimos mucho de un matrimonio de misioneros mayores que prestaban servicio en nuestra Área. Una sugerencia que nos hicieron fue que fijásemos metas.

Deseábamos compartir el Evangelio con todo el mundo, de modo que fijamos la meta de hacerlo con cien personas durante nuestro primer año como misioneros de rama. Puede que fuéramos ingenuos, pero a nosotros nos parecía realista. Confiábamos en que el Señor nos ayudaría.

Al cantar los himnos en las reuniones de la Iglesia, descubrimos que teníamos un talento oculto para la música, y decidimos usar nuestros talentos, así que comenzamos a cantar para —y con— las personas que mostraban interés en el Evangelio cuando nos reuníamos para enseñarles. El Espíritu nos acompañaba cuando cantábamos música sagrada, y tocaba los corazones de aquellos a quienes enseñábamos. También lo hacía el mensaje del Evangelio restaurado. Animábamos a todos a unirse al coro de nuestra rama, y muchos lo hicieron, ya fueran Santos de los Últimos Días o no. A medida que más personas aprendían acerca del Evangelio, muchos entraban en las aguas del bautismo.

Choir- Zambabwe

Ilustración por Oriol Vidal

Al continuar con nuestros esfuerzos misionales, seguimos ayunando y orando por las familias que se habían unido a la Iglesia. Sentíamos que otras personas de la comunidad eran testigos de los ejemplos de rectitud de esas familias. Cada vez recibíamos más invitaciones para enseñar a familias y nuestro grupo de enseñanza se llenó de potenciales miembros.

Como resultado de aprender y vivir el Evangelio, los matrimonios recién bautizados se unían más y eran más amorosos. Los padres eran capaces de dejar atrás tradiciones que no eran compatibles con la cultura del Evangelio. Se abstenían del alcohol y del tabaco, y enseñaban a sus hijos principios correctos. Muchas personas que en el pasado habían estado excesivamente inmersas en las cosas del mundo ahora podían aceptar llamamientos en la Iglesia. Llegaron a ser una bendición para su rama y para su comunidad. La mano del Señor produjo un poderoso cambio en sus vidas.

Aunque por entonces surgió una gran persecución en Mutare, ello no detuvo el crecimiento de la Iglesia. Parecía que, al aumentar la oposición, también crecía el número de personas que querían aprender sobre la Iglesia. Por ejemplo, cuando los hombres del ejército nacional acudieron disfrazados a investigar la Iglesia por conducta indebida, fueron tocados por el Espíritu. Más tarde, muchos de ellos se bautizaron y fueron ordenados al sacerdocio.

Con la ayuda del Señor, acabamos compartiendo el Evangelio con muchos más que nuestra meta original. Como estábamos dispuestos a buscar maneras de llegar a otras personas, fuimos testigos del poderoso cambio en las vidas de muchas personas en toda nuestra comunidad.