2017
Mantente firme
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Mantente firme

La autora vive en Utah, EE. UU.

Las amistades marcan una gran diferencia en lo fácil —o difícil— que es vivir de acuerdo con nuestras normas.

Hold Firm

Crecí con amigos que eran miembros de la Iglesia, y llegué a tener muchas ganas de bautizarme y ser miembro. Cuando me mudé al otro lado del país para ir a la universidad, comencé a escuchar las lecciones de los misioneros. Por desgracia, la presión que ejercían mis nuevas amistades hacía que fuera difícil cumplir con las normas del Evangelio. Mis compañeros de primer año pasaban mucho tiempo en fiestas bebiendo alcohol. Yo nunca antes había probado alcohol, pero mis nuevos amigos me presionaban constantemente para que bebiera.

Sabía que el Evangelio era verdadero, pero la presión de mis compañeros era difícil de resistir.

Empecé a orar al Padre Celestial en busca de la fortaleza para tomar la decisión correcta. Aún no había rebajado mis normas, pero temía que no tendría la fuerza para rechazar el alcohol la próxima vez que me lo ofrecieran. Extrañaba a mis amigos que tenían mis mismos valores.

Un sábado por la noche fui a una fiesta con la gente de mi residencia universitaria. Inmediatamente todos mis amigos estaban tomando e invitándome a probar alcohol por primera vez.

Fui tentada. Tomé el vaso de cerveza que me pasaron; me lo llevé a la boca, incómoda pero contenta por ser el centro de atención de mis amigos. Entonces Nick, un muchacho que tenía la mala fama de beber, se acercó a nuestro círculo.

“¿No tomaste eso, verdad?”, me preguntó.

“Aún no”, respondí.

“Si lo haces”, dijo Nick, “lo lamentarás cada día el resto de tu vida”.

Me quedé boquiabierta. Yo sabía que él tenía razón. No quería beber; quería unirme a la Iglesia. Devolví el vaso y me fui de la fiesta, agradecida de no haber tomado una mala decisión.

A la mañana siguiente fui a la Iglesia, encontré a los misioneros y fijé una fecha para mi bautismo. A partir de ese día me mantuve alejada de las fiestas en las que había alcohol. En la Iglesia hice nuevos amigos que comparten mis valores y normas. Seguí siendo amiga de la gente de mi residencia universitaria, pero dejé en claro cuáles eran mis normas. Cuando supieron lo importante que eran mis valores para mí, los respetaron y dejaron de presionarme. Notaban y respetaban el hecho de que yo me fuera de la habitación cuando veían películas inapropiadas o escuchaban música inadecuada.

Esta experiencia fortaleció mi testimonio, y voy a esforzarme por nunca rebajar mis normas por la presión social. También sé que la mejor forma de afrontar decisiones difíciles es conocer las normas y mantenerse firme desde el principio.

Sé que el Padre Celestial contestó mis oraciones en las que pedí fortaleza para resistir la tentación. Estoy agradecida porque el Espíritu Santo me ayudó a tomar la decisión correcta. Sé que las normas de la Iglesia están para protegernos, y estoy agradecida de que tomar la decisión de cumplirlas me ayudó a decidir unirme a la Iglesia.