2017
Cayo y Anthony: París, Francia
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Retratos de fe

Cayo y Anthony

París, Francia

Social interaction

Cayo Sopi y Anthony Linat han sido amigos desde la infancia. Cayo, que es miembro de la Iglesia, siempre había tenido la esperanza de que Anthony se bautizara.

Leslie Nilsson, fotógrafo

Cayo:

Conocí a Anthony hace mucho tiempo. Recién nos habíamos mudado a la zona; fui a una nueva escuela y empecé a hacer amigos. Anthony fue uno de ellos. Teníamos unos seis o siete años de edad; es curioso pensar en ello ahora que tengo 26 años.

Jugábamos algo que se llama Pog; es un juego común en Francia; ignoro si se conoce en otras partes. Mientras jugábamos, Anthony trató de tomar una o dos de mis piezas del juego. De repente, empezamos a pelear y el maestro tuvo que separarnos. Después de eso, creo nos tuvimos más estima el uno por el otro. Comenzamos a hacer cosas juntos: jugar videojuegos, y andar en patineta y bicicleta. Poco a poco, empezamos a compartir más y más tiempo.

Mi madre siempre quería que nuestra familia orara. Era parte de nuestras costumbres en casa. Lo mismo ocurría con la lectura de las Escrituras. Aquellas cosas se arraigaron en nosotros. Una noche me quedé a dormir en casa de Anthony. Anthony me vio orar antes de acostarme y me preguntó qué estaba haciendo. No recuerdo lo que dije exactamente; solo recuerdo que estábamos en su habitación y que hablamos sobre la oración.

Anthony vino algunas veces a casa y nos vio leer las Escrituras, bendecir los alimentos antes de comer y orar en familia. También nos vio a cantar himnos juntos. Lo invité una o dos veces a asistir a la Iglesia. Debo haber visto, por su reacción, que no estaba muy entusiasmado en cuanto a la idea de ir a la Iglesia. Pensé: “Bien, eso es todo supongo; y es una pena, aunque seguiremos siendo amigos”.

Anthony:

Al principio estaba un tanto distante en cuanto a la Iglesia. No comprendía mucho y tenía un poco de miedo de hablar con Cayo acerca del que su familia se reuniera para orar. De modo que, en un principio, no acepté las invitaciones. No obstante, poco a poco, me sentí bien; sentía en el corazón que la familia de Cayo era diferente de otras familias.

Cayo:

Con el tiempo, ambos seguimos con la vida y nos dedicamos a otras cosas. Durante aquellos años, perdimos contacto en varias ocasiones, pero siempre nos encontrábamos de nuevo. Cuando éramos adolescentes, entablamos una estrecha amistad otra vez.

Anthony:

Me daba cuenta de que Cayo era diferente de mis demás amigos. Todos hacemos tonterías mientras crecemos, pero Cayo me ayudó a escoger un buen camino.

Cayo:

Anthony empezó a asistir a la Iglesia con mi familia. Después las cosas evolucionaron de forma natural, los misioneros pasaron mucho tiempo con nosotros y Anthony se familiarizó bastante con la Iglesia. Sabía lo que era lo que la oración, conocía los himnos, sabía todo; tan solo le restaba ser miembro.

Anthony:

De los ocho a los dieciocho años de edad, reflexioné mucho acerca de bautizarme. Sin embargo, me llevó mucho tiempo, puesto que había muchas cosas que debía cambiar en mi vida, a pesar de que trataba de vivir buenos principios.

A la edad de dieciocho años, me reuní con los misioneros en casa de Cayo. Los misioneros me enseñaron las lecciones a fin de prepararme para el bautismo. Me ayudaron y su mensaje me llegó al corazón. Durante ese tiempo, mi madre y mi hermana menor conocieron a los misioneros. Ellas se bautizaron pocos meses antes que yo; yo lo hice el 10 de marzo de 2007.

Cayo:

Llevó el tiempo que tuvo que llevar, más de diez años, pero finalmente se bautizó.

Es curioso ver la manera en que el Señor hace las cosas. Después de eso, serví una misión en Francia y mantuvimos correspondencia. Ahora vamos a estar separados porque Anthony acaba de graduarse como gendarme [policía] y partirá a trabajar a Guyana durante entre dos y cinco años, pero estoy seguro de que permaneceremos en contacto.

Anthony:

Desde que me uní a la Iglesia, hago lo que se requiere para mantenerme en la senda estrecha y compartir el Evangelio con quienes me rodean. Es algo que es muy sencillo, aunque el Evangelio puede ser difícil de aceptar y vivir para otras personas. Como miembros de la Iglesia, ciertamente somos diferentes de los demás.

Para otros miembros de mi familia fue difícil entender por qué mi madre, mi hermana y yo nos alistamos para la Iglesia cada domingo. Me pongo el traje de vestir [terno] y salgo a las 8:30 h para estar en la Iglesia a las 9:00 h, y con frecuencia me quedo hasta las 15:00 h debido a mi llamamiento. Disfruto conversar con otros miembros y conocer lo que ocurre en su vida. Me agrada poder participar con los miembros; es excepcional. Es importante rodearse de personas que sean miembros, tener unidad y sentir que nos fortalecemos mutuamente.

Cayo:

Creo que el Señor hace todo lo que puede para que nosotros cambiemos verdadera, sincera y profundamente. Llegar a ser Santo de los Últimos Días y discípulo de Cristo no se limita a una cuestión de decidir adoptar ciertas actitudes; es testificar del profundo cambio que hay en nosotros mismos. Yo vi ese cambio en Anthony.

Anthony:

Saber que tengo un Padre Celestial me reconforta; también me reconforta saber que Él envió a Su Hijo Jesucristo a morir por nosotros; por mí.

Pero, en todo caso, sé que es verdad. Asimismo, sé que las Escrituras son verdaderas; el Libro de Mormón es verdadero, estoy convencido de ello. La Iglesia es verdadera. Tenemos un profeta real, Thomas S. Monson; los Doce Apóstoles en verdad son llamados de Dios.

Eso es algo que antes no entendía, y pienso que, aun hoy, no lo entiendo por completo. Es algo muy potente y es un sentimiento singular.

Social interaction

Cayo Sopi (a la izquierda) y Anthony Linat (a la derecha) caminan por su vecindario de la zona metropolitana de París, Francia. Han sido amigos desde la infancia.

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“Conforme nuestra amistad aumentaba, me daba cuenta de que Cayo era diferente de mis demás amigos”, recuerda Anthony. Con el tiempo, el ejemplo de Cayo ayudó a Anthony a interesarse más por el Evangelio restaurado.

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Cayo y Anthony piensan mantenerse en contacto después que Anthony se mude a Guyana.

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“Desde que me uní a la Iglesia, hago lo que se requiere para mantenerme en la senda estrecha y compartir el Evangelio con quienes me rodean”, dice Anthony. Compartir el Evangelio “es algo que es muy sencillo”, afirma.

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Cayo sigue agradecido por la oportunidad que ha tenido de compartir el Evangelio con su amigo. “Creo que el Señor hace todo lo que puede para que nosotros cambiemos verdadera, sincera y profundamente”, indica Cayo. “Yo vi ese cambio en Anthony”.

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Anthony dice que el Evangelio ha sido una bendición en su vida. “Saber que tengo un Padre Celestial me reconforta”, afirma. “También me reconforta saber que Él envió a Su Hijo Jesucristo”.

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“Es curioso ver la manera en que el Señor hace las cosas”, dice Cayo. Tomó más de diez años para que Anthony se bautizara, pero durante ese tiempo, obtuvo un firme testimonio.