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    Valió la pena esperar

    La autora vive en Texas, EE. UU.

    ¿Por qué no me podía bautizar ahora?

    “Ser bautizado como lo hizo Jesús… es justo lo que quiero hacer” (Children’s Songbook, pág. 104).

    Liahona Magazine, 2017/03 Mar

    “Hoy vamos a aprender una nueva canción”, anunció la hermana Reid. “Se llama ‘El bautismo’. Todos, cierren los ojos y escuchen la música”.

    Yo cerré los ojos y me relajé en la silla. La pianista comenzó a tocar una melodía que sonaba suave y elegante, como una corriente de agua. La hermana Reid comenzó a cantar: “En Judea siglos hace, fue Jesús a ver a Juan, y por él fue bautizado en las aguas del Jordán”.

    Sentí que me rodaba una lágrima por la mejilla. Intenté limpiarme antes de que mamá lo notara, pero era demasiado tarde. Mamá era la presidenta de la Primaria y siempre lo veía todo. Vi que mamá me estaba mirando y tenía una sonrisa triste. Sabía por qué yo estaba llorando.

    Después de las reuniones de la Iglesia, mi hermana pequeña, Julie, tarareó la canción durante todo el camino a casa. Yo permanecí en silencio.

    “¿Quieres colorear conmigo?”, me preguntó Julie cuando llegamos a casa.

    Sacudí la cabeza. “Quizás luego; primero tengo que hacer algo”.

    Encontré a papá en la sala de estar. Estaba sentado en su silla favorita con un libro abierto sobre su regazo. Le gustaba leer mientras Julie, mamá y yo íbamos a la Iglesia.

    Respiré hondo. “¿Papá?”, le dije. “¿Me puedo bautizar?”.

    Papá cerró el libro y me pidió que me sentara a su lado.

    “Oh, Sadie. Ya hemos hablado de esto. Mi respuesta sigue siendo no”, dijo.

    “¡Pero yo de verdad quiero hacerlo!”, le dije. “Cumplí ocho años hace unos meses y lo he pensado mucho. Sé que la Iglesia es verdadera, y cuanto más espero, más sé que me quiero bautizar.”

    Papá sacudió la cabeza. “Sigo pensando que eres muy joven para tomar una decisión tan importante. Pero sabes que te quiero”.

    “Lo sé”, le dije. Yo sabía que papá quería lo mejor para mí, y él no pensaba que yo estaba lista para tomar esa decisión.

    Corrí a mi habitación y bajé la cabeza. Oré con más fuerza que nunca antes. “Padre Celestial, de verdad me quiero bautizar. Por favor, ayuda a que papá lo entienda”.

    Al principio no ocurrió nada, pero me quedé de rodillas. La melodía de “El bautismo” me venía a la mente. Después de un tiempo, no me sentía tan triste, sino que sentía paz en mi interior. Comencé a pensar en todas las cosas que podía hacer, aunque todavía no me pudiera bautizar.

    Podía seguir orando y yendo a la Primaria. Podía ser un ejemplo para Julie, e incluso podía pedirle a mamá que ayunara por mí la semana siguiente.

    El sentimiento de paz permaneció conmigo al bajar a cenar. No sabía cuándo, pero un día me bautizaría y merecería la pena esperar.

    Seis meses después, dos días antes de cumplir los nueve años, el papá de Sadie le dio permiso para bautizarse.