2011
Una palabra y una lección de por vida
Septiembre de 2011


Sección especial sobre el Progreso Personal

Una palabra y una lección de por vida

La integridad es el modo en que actúas cuando piensas que nadie te ve.

Afuera la temperatura abrasadora alcanzaba los 46° C (115° F), lo que era típico de un día de verano en la granja de Brawley, California, EE. UU. Pateé el neumático del enorme camión cisterna que se había descompuesto por tercera vez en cuatro días. Yo dependía de mi empleo de verano para pagar mis actividades recreativas, la ropa de la escuela y, con el tiempo, la universidad. A pesar del calor, me molestaba tener que terminar la jornada laboral antes de tiempo, pero parecía que tendría que hacerlo otra vez.

David, un miembro de nuestro barrio y amigo de la familia, vino desde el molino a echarle un vistazo al camión. Al desahogar mis frustraciones con él, me sentí tentada a decir una palabra que había oído usar a otras personas cuando estaban molestas. En el momento antes de decirla, me cruzó por la mente la idea de que no debía hacerlo porque sabía que era una mala palabra; pero, en un instante descarté la idea, pensando que nadie se enteraría. Dije la palabra; sin embargo, no me hizo sentir mejor para nada.

David levantó la vista y me dijo que él y mi papá repararían el camión cuando pudieran hacerlo. Mientras tanto, hallé otra tarea para realizar durante el resto del día.

Al final del día, subí de un brinco a la camioneta de papá y emprendimos el viaje a casa. Poco después de ponernos en camino, papá me miró y me mencionó que David le había contado sobre la reacción que había tenido ante el desperfecto del camión, incluso sobre la mala palabra. “David me dijo que nunca hubiera esperado que algo así saliera de la boca de mi hija”, dijo papá. “Él te respeta demasiado, cariño”.

Incliné la cabeza y enseguida me brotaron las lágrimas. Me había rebajado ante los ojos de personas cuya opinión me importaba, pero, más que nada, me sentía defraudada de mí misma y sabía que Dios también sentía lo mismo. Me di cuenta de que era por eso que decir la palabra no me había hecho sentir mejor.

Prometí que jamás volvería a decir aquella palabra ni ninguna otra cosa que no complaciera a Dios, no porque no quisiera que ni mi papá ni David sintieran vergüenza de mí, sino porque era lo correcto. Aprendí que la integridad es el modo en que actúas cuando piensas que nadie te ve.

Ilustración por Steve Kropp.