2011
Fortalecida por un himno
Febrero de 2011


Fortalecida por un himno

Khetiwe Ratsoma, Sudáfrica

Decidí competir en una maratón con colegas del trabajo en el Cabo Occidental, Sudáfrica. Me entrené y trabajé arduamente a fin de prepararme para la carrera.

El día de la carrera me desperté, leí las Escrituras y oré. Estaba nerviosa, pero también sentía que debía confiar en el Señor. Sabía que, si lo hacía, Él me brindaría sustento y apoyo.

Teníamos que caminar o correr cuarenta kilómetros. Comenzamos a las ocho de la mañana. El clima estaba fresco y un poco lluvioso, así que al principio disfruté de la caminata y me estaba yendo bien, pero cuando estaba a unos diez kilómetros de la meta, la carrera se me empezó a hacer difícil; se me distendieron los músculos de una pierna y tenía algunas ampollas; quería abandonar la carrera. Pero entonces empecé a cantar un himno:

Pues ya no temáis, y escudo seré,

que soy vuestro Dios y socorro tendréis;

y fuerza y vida y paz os daré…

y salvos de males vosotros seréis.

(“Qué firmes cimientos”, Himnos, Nº 40).

Una y otra vez la letra del himno inundó mi mente y me levantó los pies, y terminé la carrera gracias a la fortaleza del himno del Señor.

Esa experiencia me enseñó que el evangelio de Jesucristo tiene que ver con la perseverancia; es como caminar o correr una carrera. A veces nos cansamos, descansamos y volvemos a caminar. El Padre Celestial no deja de confiar en nosotros, no importa cuántas veces nos caigamos; para Él lo que cuenta son las veces que nos levantamos y volvemos a caminar. Su evangelio tiene que ver con terminar la carrera.