El momento preciso es ahora

El momento preciso es ahora

El ser Santo de los Últimos Días en Ucrania significa prestar servicio y dirigir en la Iglesia… ahora mismo.

Imagina que eres miembro de la Iglesia en un lugar donde todos los miembros son nuevos conversos; los misioneros han estado allí sólo unos pocos años, y cuando cumples diecisiete años, en lugar de llegar a ser presidenta de Laureles, te llaman como presidenta de la Primaria.

Así es, exactamente, la Iglesia para Oksana Fersanova, que vive en Khmel’nytskiy y fue una de las primeras personas que se bautizó en la ciudad cuando ésta se abrió a la obra misional en 2006. No mucho tiempo después de haberse bautizado, la llamaron a prestar servicio como presidenta de la Primaria en el pequeño grupo que se reúne en esa localidad.

Oksana es un ejemplo típico de los adolescentes Santos de los Últimos Días que hay en toda la Iglesia de ese país: profundamente dedicada al servicio y deseosa de compartir la verdad en una tierra donde el mensaje del Evangelio está afianzándose. En las regiones como Khmel’nytskiy, los conversos jóvenes brindan energía, optimismo y testimonios inalterables del Evangelio, todo lo cual fortalece a la Iglesia en Ucrania.

En espera del Evangelio

La jovencita tenía un testimonio de Jesucristo, pero no fue sino hasta que sus amigos le regalaron un ejemplar del Libro de Mormón que obtuvo un testimonio de Su evangelio restaurado.

“Al leer sobre lo que habló Jesucristo a los nefitas, me invadió una fuerte emoción y supe que Él me ama. Oré y recibí el testimonio de que Él es mi Salvador y que el Libro de Mormón es verdadero”, dice.

“Supe que si José Smith tradujo el Libro de Mormón y que si el libro era verdadero, sin duda alguna él era un Profeta de Dios y había restaurado el evangelio de Jesucristo”, explica.

Sus amigos le enseñaron otras cosas del Evangelio porque en esa época no había misioneros en la ciudad; lo estudió durante cuatro años y vivió sus principios hasta donde le era posible, orando para que llegaran misioneros allí.

Finalmente llegaron, en marzo de 2006. Oksana y su amigo Sasha Kubatov fueron las dos primeras personas que se bautizaron en Khmel’nytskiy.

Sasha tenía nada más catorce años cuando recibió un Libro de Mormón de sus hermanas mayores, que se habían convertido a la Iglesia en otra ciudad.

Él comenta: “Me hicieron notar el hecho de que yo tenía la misma edad que José Smith cuando tuvo la Primera Visión, catorce años; y que si siendo tan joven, él había sido sumamente bendecido, yo también podía serlo”.

Por lo tanto, empezó a leerlo. Lo leyó hasta llegar a los capítulos de Isaías en 2 Nefi, y ahí se detuvo. Un año después volvió a leerlo, pero como documento histórico, no con el deseo de saber si era verdad.

Pero cuando lo leyó por tercera vez, se concentró menos en la historia y más en la obra de Dios que se encuentra registrada en él.

“Al leerlo, pensé que era verdadero, pero todavía no tenía un testimonio firme”, reconoce. “Por eso, quería hablar con los misioneros”.

Cuando llegaron los élderes pocos años después, contestaron todas sus preguntas y le ayudaron a prepararse para el bautismo y la confirmación.

“Al entrar en las aguas del bautismo, desaparecieron todas mis dudas y supe que José Smith era un Profeta y que el Evangelio es verdadero”, afirma. “No sentí ningún temor, aun cuando sabía que el resto de mi vida iba a ser diferente de lo que hubiera sido”.

Su vida es diferente ahora. Como maestro orientador, Sasha está aprendiendo a magnificar el sacerdocio que posee y a prestar servicio en el reino del Señor.

Antes de cumplirse el año de haberse bautizado, bautizó a su madre y al abuelo. Actualmente, toda la familia se ha unido a la Iglesia y él está ansioso por llevar el Evangelio a otras personas.

“Me estoy preparando para ir a la misión”, dice, “así podré predicar el Evangelio dondequiera que me llamen y traer a Dios alguna otra alma. Su obra debe seguir adelante”.

Han seguido su ejemplo

Misha Sukonosov nunca imaginó que el asistir a las clases de inglés que daban los misioneros en Chernigov lo conduciría al evangelio restaurado de Jesucristo. El cambio sobrevino varios meses después de estar asistiendo a las clases.

Le encantaba el espíritu que sentía mientras los misioneros le enseñaban inglés; y cuando al fin aceptó su invitación de asistir con ellos a las reuniones de la Iglesia, se sorprendió al encontrar allí el mismo espíritu.

Finalmente, uno de los élderes exhortó a Misha a hacer lo que ya sabía que era correcto, y bautizarse.

Sabía que iba a necesitar gran valor para hacer algo en contra de las tradiciones familiares; en Ucrania la mayoría de los habitantes han estado afiliados a la religión predominante, y su familia no era una excepción.

La madre le aconsejó que esperara unos años para bautizarse, por lo que él acordó esperar hasta que cumpliera los dieciséis. Entretanto, asistía a la Iglesia todas las semanas y empezó a prestar servicio como pianista de la rama.

“Eso contribuyó a que fuera todos los domingos porque si no lo hacía, no habría nadie que tocara la música”, comenta Misha.

Al fin terminó su espera y lo bautizaron en el río Desna el 1º de julio de 2006. Ese día no tenía la menor idea de lo pronto que su familia iba a seguir su ejemplo.

Olga, la madre, empezó a ir a la Iglesia para enterarse de cómo era la nueva religión de su hijo; e iba tan seguido que el presidente de la rama le pidió que tocara el órgano en la reunión sacramental para poder llamar a Misha como director de música.

Después de seis meses de oír los testimonios de los miembros, incluso el de su hijo, el de Olga se fue desarrollando también. Misha bautizó a su madre en diciembre de 2006.

Ella todavía toca el órgano todas las semanas, y su hijo, que ahora tiene diecisiete años, se mantiene ocupado ayudando a la presidencia, siendo misionero de rama y dirigiendo los himnos en la reunión sacramental.

“Sé que la Iglesia me necesita”, dice, “y estoy muy agradecido por estas oportunidades de prestar servicio. A medida que ayudo a otras personas, la Iglesia me ayuda a mí”.

En busca de la fe

En Lvov, una ciudad que está en el oeste de Ucrania, Yuri Voynarovich y su familia empezaron a buscar la verdad cuando él tenía sólo diez años. Durante años visitaron diferentes iglesias, hasta que un tío del niño los invitó a asistir a una rama de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días; al poco tiempo, sus padres fueron bautizados y confirmados.

“Al principio, yo no iba”, dice Yuri, “sino que seguía por mi cuenta en busca de la verdad”.

Pero los padres, que sabían que la Iglesia era verdadera, no se dieron por vencidos con su hijo y lo invitaban a las clases de inglés y a las actividades de los jóvenes, así como a las reuniones de los domingos. Después, los mismos misioneros lo invitaron a las clases de inglés.

“No les pude decir que no”, comenta. Así que fue; luego fue a la iglesia y, finalmente, él también se bautizó.

“Desde aquel día he tenido muchas otras experiencias que han aumentado y dado forma a mi testimonio y a mi carácter para que sea como soy actualmente”, dice.

“Muchas veces me fijo en personas que sufren por las decisiones malas que han tomado”, comenta. “Comprendo que a veces es difícil evitarlo por las tentaciones y la presión de los amigos, pero no debemos darnos por vencidos; y después, vemos las bendiciones que se reciben por la obediencia”.

Yuri, que tiene ahora diecisiete años, presta servicio como líder de la misión de rama y secretario de la misma en Lvov.

“Me siento muy agradecido por la Iglesia y por todo lo que ha hecho por mí”, agrega. “Amo esta religión, y animo a todas las personas a aferrarse a la barra de hierro y no soltarla nunca”.