2008
AYUDEMOS A OTRAS PERSONAS A VENIR A ÉL
Marzo de 2008


AYUDEMOS A OTRAS PERSONAS A VENIR A ÉL

“Hermana Hopkins, éstos son los diez Rayitos de Sol a quienes enseñará usted este año”, me dijo la consejera de la presidencia de la Primaria. Yo era conversa nueva y reconozco que me aterrorizaba ese llamamiento. ¿Cómo iba a enseñar lo que todavía no comprendía bien? ¿Cómo me las iba a arreglar para atender a tantos niños tan llenos de energía? No obstante, el obispo y la presidenta de la Primaria me aseguraron que sería bendecida por enfrentarme a aquel llamamiento intimidante.

Sabía que debía sumergirme en el aprendizaje del Evangelio para poder enseñarlo, así que todas las semanas leía el manual —fuente de abundante luz del Evangelio— y oraba y meditaba sobre la forma en que los principios se aplicaban a mí y a los niños. A medida que estudiaba y enseñaba, obtuve un testimonio de nuestros divinos derechos como hijos de Dios. Descubrí el valor y la naturaleza única de toda alma. Las sencillas lecciones de la Primaria no sólo iluminaban las caras de Sus preciosos hijos, sino que también hicieron florecer la semilla del testimonio que tenía cuando entré en las aguas del bautismo.

Aquel preciado año con los Rayitos de Sol me ha hecho estar para siempre agradecida por un llamamiento que cambió mi vida. Yo cambié, como lo hicieron los niños, gracias a las enseñanzas de Jesucristo.