2007
En el lenguaje del Espíritu
Marzo de 2007


En el lenguaje del Espíritu

Éramos misioneros de la Misión Argentina Buenos Aires Sur cuando mi compañero, el élder Allred, y yo recibimos una referencia para contactar con una familia de Rusia. Al llegar a la casa, la mujer vio que éramos misioneros y nos invitó a conocer a la familia.

No tardamos en darnos cuenta de que la familia Balva entendía muy poco castellano y también a nosotros nos costaba entenderles. A pesar de su limitado español, logramos entender que llevaban poco tiempo en Argentina; sin embargo, estaban ansiosos por aprender acerca de la Iglesia. Modificamos la primera lección, dándola en un español simplificado mientras la familia se valía de sus diccionarios de ruso y español y nosotros les enseñábamos nuestro mensaje lentamente, aunque no estábamos seguros de cuánto eran capaces de entender.

Después de concertar una cita para regresar, caminamos a casa hablando de lo mucho que nos había costado comunicar el significado de nuestro mensaje. Nos preguntábamos si la familia lograría entender mejor el resto de las lecciones o si se desanimarían y nos pedirían que dejáramos de visitarles.

Al día siguiente regresamos a visitar a la familia Balva para ver cómo estaban y saber si habían comenzado con la lectura del Libro de Mormón y si habían orado para saber de su veracidad. Para nuestra sorpresa y gozo, nos mostraron contentos un papel en el que habían escrito en español los principios que les habíamos enseñado. También compartieron con nosotros lo que habían leído en 3 Nefi 11 sobre la visita del Salvador al continente americano, asegurándonos que habían entendido todo lo que habíamos hablado el día antes, y añadiendo que estaban deseosos de aprender más.

Durante las semanas siguientes, mi testimonio se fortaleció mientras el Espíritu Santo testificaba a la familia Balva de la veracidad del Evangelio e iluminaba su entendimiento del español. Nuestro Padre Celestial conocía el deseo de sus corazones y reconocía la sinceridad de sus oraciones para hallar la verdad. Juntos, la familia Balva, el élder Allred y yo experimentamos el gozo que se describe en D. y C. 50:22. “De manera que, el que la predica y el que la recibe se comprenden el uno al otro, y ambos son edificados y se regocijan juntamente”; no porque habláramos el mismo idioma, sino gracias al idioma universal del Espíritu.

La familia Balva nos presentó a otra familia rusa, a la que también tuvimos el privilegio de enseñar. Poco después de haberlas conocido, ambas familias hicieron convenio con nuestro Padre Celestial entrando en las aguas bautismales.

Testifico que las siguientes palabras del presidente Ezra Taft Benson (1899–1994) son verdaderas: “La influencia del Espíritu es el elemento más importante de esta obra. Si permiten que el Espíritu magnifique sus llamamientos, podrán obrar milagros para el Señor” (seminario para nuevos presidentes de misión, 25 de junio de 1986).