2005
Regocijémonos en la restauración de las ordenanzas y de los convenios del templo
junio de 2005


Mensaje de las Maestras Visitantes

Regocijémonos en la restauración de las ordenanzas y de los convenios del templo

Por medio de la oración, seleccione y lea de este mensaje los pasajes de las Escrituras y las enseñanzas que satisfagan las necesidades de las hermanas a las que visite. Comparta sus experiencias y su testimonio e invite a las hermanas a las que enseñe a hacer lo mismo.

D. y C. 124:40, 42: “Y de cierto os digo, edifíquese esta casa a mi nombre, para que en ella pueda yo revelar mis ordenanzas… Y le mostraré a mi siervo José todas las cosas concernientes a esta casa”.

¿Por qué nos regocijamos en la adoración en el templo?

Presidente George Q. Cannon (1827–1901), Primer Consejero de la Primera Presidencia: “Todo templo… debilita el poder de Satanás en la tierra y aumenta el poder de Dios y de la Divinidad, remueve el cielo con vigorosa energía a nuestro favor e invoca y reclama las bendiciones de Dioses eternos” (Millennial Star, 12 de nov. de 1877, pág. 743).

Presidente Gordon B. Hinckley: “Así como nuestro Redentor dio Su vida como sacrificio vicario por todos los hombres, y al hacerlo llegó a ser nuestro Salvador, así también nosotros, en una pequeña medida, al llevar a cabo la obra vicaria en el templo, llegamos a ser salvadores para aquellos que están en el otro lado, quienes no tienen modo de progresar a menos que los que estén en la tierra hagan algo en beneficio de ellos… Los animo a sacar mayor provecho de este bendito privilegio que les refinará su modo de ser, que los despojará del caparazón de egoísmo en el que vivimos la mayoría de nosotros. Literalmente traerá una influencia santificadora a nuestra vida” (“Comentarios finales”, Liahona, nov. de 2004, pág. 105).

¿Por qué el comprender las ordenanzas y los convenios nos ayuda a hallar gozo?

Élder Russell M. Nelson, del Quórum de los Doce Apóstoles: “Debemos recordar que un convenio es una promesa. El convenio que realizamos con Dios no debe considerarse como algo que nos restringe sino más bien algo que nos protege. Los convenios que hacemos con Él nos protegen del peligro… Cuando escogemos abstenernos de toda impiedad, no perdemos nada valioso, sino que obtenemos una gloria que sólo conocen los que alcanzan la vida eterna. Guardar los convenios del templo no representa una restricción sino algo que abre ante nosotros nuevas posibilidades. Nos eleva por encima de los límites de nuestra propia perspectiva y capacidad” (“Prepare for Blessings of the Temple”, Ensign, mar. de 2002, pág. 21).

Anne C. Pingree, segunda consejera de la presidencia general de la Sociedad de Socorro: “Mi esposo y yo habíamos viajado a una de las regiones más remotas de nuestra misión a fin de que él llevara a cabo entrevistas… para extender recomendaciones para el templo… Después de que se terminaron las entrevistas, mi esposo y yo, al volver por el sendero arenoso de la selva, nos sorprendimos al ver a esas dos hermanas que aún iban caminando. Nos dimos cuenta de que habían caminado desde su aldea, un viaje de ida y vuelta de 29 kilómetros de distancia, sólo para obtener una recomendación para el templo, que sabían que nunca tendrían el privilegio de utilizar. Esos miembros de Nigeria creían en el consejo del presidente Howard W. Hunter: ‘El Señor se sentiría complacido si todo miembro adulto fuera digno de obtener una recomendación para entrar en el templo y que la tuviera, aun cuando el hecho de vivir lejos de un templo no le permitiera su uso inmediato y frecuente’” (“Mirando de lejos lo prometido”, Liahona, nov. de 2003, pág. 13).