2005
Me inquietaba su futuro
enero de 2005


Me inquietaba su futuro

Me crié en un entorno donde muchos hombres fumaban, bebían y llevaban una vida inmoral. Vi ese tipo de ejemplo en mi propia familia y en la mayoría de los hombres de mi vecindario, por lo que llegué a creer que era normal. Me casé a los 20 años, y cuatro años más tarde, después de haber tenido tres hijos, nos divorciamos. Tiempo después conocí a una mujer maravillosa que no sólo me aceptó a mí y a mis tres hijos, sino que nos dio cinco más. Llevamos más de 30 años casados.

Cierto día, hace unos 22 años, empecé a temer enormemente por el futuro de mis ocho hijos. No deseaba que ellos pasaran por mis mismas circunstancias peligrosas y temía que se perdieran en la iniquidad del mundo. No sabía qué hacer para ayudarlos, pero me volví muy receptivo a las cosas de Dios. Siempre que alguien llamaba a la puerta con un mensaje religioso, le abría la puerta y mi corazón; escuchaba con atención, aceptaba sus folletos y les acompañaba a sus casas de adoración. Sin embargo, no estaba en paz; no encontraba lo que andaba buscando.

Pasaron unos años y dos jóvenes misioneros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días llegaron a nuestro hogar. Junto con mi esposa y nuestros cinco hijos (los otros tres vivían con su madre), comencé a recibir las charlas, a ir a la Iglesia y a familiarizarme con los miembros y sus creencias. Varios meses después tomé la sabia decisión de unirme a la Iglesia y desde entonces ya han pasado 17 años.

Entendía que debía cambiar ciertos aspectos de mi vida si quería enseñar el camino correcto a mis hijos. Por ejemplo: no podía enseñarles a observar la Palabra de Sabiduría y a vivir una vida casta si yo mismo no cumplía esos mandamientos. Al esforzarme por vivir las enseñanzas del Evangelio, pude cambiar mi vida y enseñar a mis hijos; también pude bautizar a los tres hijos de mi primer matrimonio y alejarlos del mundo. Mis ocho hijos ahora son miembros de la Iglesia; cuatro han servido en una misión; uno de ellos era demasiado mayor para servir en una misión pero sirvió como presidente de misión de estaca; seis de ellos están casados y lo han hecho en el templo.

A comienzos de 1999, se celebró una conferencia regional en el sur de Florida. Tras cumplir con una asignación de entregar auriculares para la traducción de la conferencia, entré en una sala donde estaban sentados miles de miembros de la Iglesia. Me quedé de pie al final de la sala, desde donde podía ver a uno de mis hijos con su bebé. Miré en otra dirección y vi a otro hijo con su esposa y sus hijitos.

En ese momento me embargó un marvilloso sentimiento de gozo y no pude contener las lágrimas. Me acordé de aquellos terribles días en que tanto me inquietaba el futuro de mis hijos. Ahora lloraba de emoción porque ya no tenía esas preocupaciones.

El Evangelio y la Iglesia verdadera de Jesucristo nos permitieron hallar la forma correcta de ayudar a nuestros hijos y de tener dicha y felicidad. Cristo es la luz que guía nuestra vida; Sus enseñanzas nos persuaden a hacer el bien.

Adalberto S. Sánchez es miembro del Barrio Miami Lakes (hispano), Estaca Hialeah Gardens, Florida.