2004
El arrepentimiento y la Expiación
marzo de 2004


Artículo con póster

El arrepentimiento y la Expiación

Nuestro Padre Celestial sabía que no seríamos seres humanos perfectos, por lo que eligió a Jesucristo, quien sí es perfecto, para ser nuestro Salvador.

Para ayudarnos a entender lo que el Salvador ha hecho por nosotros, el presidente Boyd K. Packer, Presidente en Funciones del Quórum de los Doce Apóstoles, relató la historia de un hombre que había pedido prestada una fuerte cantidad de dinero. Compró algo que siempre había deseado, pero cuando llegó el momento de devolver el préstamo, no tenía dinero suficiente. Sabía que la persona que le había prestado el dinero le quitaría sus posesiones para cobrarse y lo llevaría a la cárcel.

Pero el amigo de ese hombre fue a ayudarlo y le preguntó: “Si yo pago tu deuda, ¿me aceptarás como tu acreedor?” El hombre accedió agradecido y su amigo le dijo: “Tú me pagarás la deuda y yo fijaré los términos. No será fácil, pero tampoco imposible”.

Puesto que el amigo estuvo dispuesto y pudo pagar, el acreedor recibió el dinero que se le debía; al mismo tiempo, el hombre pudo retener sus posesiones y no tuvo que ir a la cárcel. (Véase “El Mediador”, Liahona , octubre de 1977, pág. 42.)

Al igual que el amigo del relato, Jesús se ofrece a pagar nuestras “deudas”. Él venció la muerte para que todos pudiéramos resucitar. Él padeció por nuestros pecados a fin de que nosotros no tengamos que padecer si nos arrepentimos (véase D. y C. 19:16). A cambio, Él nos pide que obedezcamos ciertos “términos”, o reglas: arrepentirnos y guardar los mandamientos. Si lo hacemos, Jesús hace posible que regresemos algún día a nuestro Padre Celestial.

Actividades e ideas para la noche de hogar

  1. Para acordarte de seguir el ejemplo de Jesús, recorta estas dos páginas por las líneas sólidas y dóblalas en forma de libro (fíjate en el dibujo).

  2. Durante la noche de hogar, o cuando des un discurso en la Primaria, utiliza las láminas de Jesús para hablar de Su vida. Emplea fotografías de niños de la actualidad para describir cómo podemos seguir el ejemplo del Salvador.

  3. A modo de actividad durante una noche de hogar, habla de cada una de las láminas de tu librito y luego pide a los miembros de tu familia que recorten y doblen una hoja de papel para hacer su propio librito como el que aparece a continuación. Invítalos a escribir o a dibujar en cada página las formas en que podemos seguir al Salvador (por ejemplo: estudiando las Escrituras, asistiendo a la Iglesia o ayudando a alguien).