Él confortó mi alma
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    Él confortó mi alma

    Nací en Brasil en 1961 y supe de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días cuando tenía 6 años de edad. Mi infancia fue una época inmensamente feliz, pero la vida de mi familia empezó a cambiar en 1970, durante la época de la Navidad, cuando contraje una rara enfermedad.

    Llegado a un punto, fui admitido en el hospital durante un año y los médicos no sabían qué hacer. En varias ocasiones el Señor salvó mi vida después de que mi padre me impusiera las manos y pronunciara una poderosa bendición del sacerdocio. Recuerdo una ocasión en la que un equipo de médicos se quedó sorprendido al ver mi fiebre de 41º descender casi al instante cuando mi padre puso sus dignas manos sobre mi cabeza. Ese tipo de milagros continuó durante cerca de cuatro años mientras la enfermedad estaba en su peor etapa.

    Cierto día se efectuó una conferencia en nuestra ciudad. Mis padres estaban animados y agradecidos cuando supieron que íbamos a contar con la presencia del élder Marvin J. Ashton (1915–1994), del Quórum de los Doce Apóstoles.

    El día de la conferencia, la capilla estaba totalmente abarrotada. Mi madre no podía acercarse al élder Ashton, y cuando mi hermano de seis años vio la desesperación de mi madre, logró atravesar la barrera humana y llegar hasta él. Le pidió al élder Ashton que bendijera a su hermano que estaba muy enfermo e insistió en que fuera a donde estábamos; pero el élder Ashton no podía ir en ese momento. Oramos para tener la oportunidad de reunirnos con él al final de la conferencia.

    Para nuestra sorpresa, al comienzo de sus palabras, el élder Ashton dijo: “Cuando llegué, un niño me pidió que bendijera a su hermano que está gravemente enfermo; quisiera decir a todos los que me están escuchando, que tu hermano se pondrá bien y cumplirá su misión en la tierra”.

    Para mis padres aquello fue el bálsamo por el que habían orado, un alivio de sus días de dolor y penurias. Comenzamos un tratamiento nuevo y, con confianza en el poder de la promesa del élder Ashton, mi vida cambió por completo.

    A los 19 años salí a la misión, en parte para cumplir con la promesa que había recibido y en parte para satisfacer el deseo de mi corazón de servir al Señor y compartir Su maravilloso Evangelio. Serví en la Misión Brasil Recife, donde el Espíritu me guió a familias electas y pude ser un instrumento en las manos del Señor para traer almas al arrepentimiento.

    Al volver de la misión, me casé con una joven hermosa con la que había crecido en la Iglesia. Sin embargo, cuando nació nuestro primer hijo, el Señor lo tomó para Sí. No podía creer que mi vida se viera golpeada por una nueva tragedia, pero sabía que mi testimonio y mi confianza en el Señor aún estaban siendo moldeadas.

    Actualmente, mi esposa y yo tenemos una hermosa familia de cinco hijos; nuestro hijo mayor se está preparando para servir en una misión y yo he servido como obispo de mi barrio, mientras que los síntomas de mi anterior enfermedad han desaparecido.

    Mi vida y mi testimonio se basan en una creencia en el poder del sacerdocio, en la naturaleza eterna de la familia y en las enseñanzas del Salmo 23, donde David dice:

    “Jehová es mi pastor; nada me faltará.

    “En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará.

    “Confortará mi alma; me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre.

    “Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento.

    “Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores; unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando.

    “Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa de Jehová moraré por largos días”.

    Sérgio Ribeiro pertenece al Barrio Jardim do Lago, Estaca Campinas, Brasil.