Cómo centrarnos en la Navidad


Cómo centrarnos en la Navidad

Me encanta esta época del año en la que nos reunimos como familias y seres queridos para recordar el nacimiento de nuestro Salvador Jesucristo y dar gracias por Su vida y Su infinito sacrificio expiatorio. Me encanta ver por doquier los innumerables recordatorios de esta temporada especial y todavía puedo sentir la emoción y la anticipación de las Navidades de mi infancia, ya fuesen en la fría Inglaterra o en la sofocante Arabia.

La semana pasada, seguramente como tantos otros, estuve luchando con las luces navideñas para encontrar cuál era la que no dejaba encenderse a las otras. Una vez que hallé la luz dañada y la cambié, todas las luces se encendieron y qué alegría y alivio experimenté por esa pequeña victoria.

Algo que me encanta hacer al acercarse la Navidad es sentarme junto al árbol de Navidad, con todas las demás luces apagadas, y dejar que se me nuble la vista mientras miro el árbol cubierto de lucecitas blancas. Con la visión desenfocada, el fulgor de cada luz se expande y se vuelve más tenue al reflejarse en los brillantes adornos rojos. El efecto es cautivador. Solemos tener música de fondo proclamando: “¡Regocijad! Jesús nació!”1 y “se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz”2.

A medida que mis ojos permiten que las luces del árbol se enfoquen y desenfoquen, vuelvo a recordar la misión divina de nuestro Salvador, que en esos momentos de quietud adquiere un vívido enfoque. Él dijo: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”3. Medito en la noche santa en que Él nació, y estoy lleno de gratitud por el don de gozo, esperanza y amor que el Padre envió a la tierra en Su Hijo Unigénito4.

Esos momentos tranquilos de meditación y reflexión nos pueden parecer extraños en los días previos a la Navidad. Diciembre trae fiestas y conciertos, reuniones y regalos. Las agendas quedan copadas y, a veces, las expectativas que nos imponemos en realidad le restan gozo a la temporada en vez de magnificarla.

Por eso la enseñanza del presidente Nelson es vital: “… el gozo que sentimos tiene poco que ver con las circunstancias de nuestra vida, y tiene todo que ver con el enfoque de nuestra vida. Si centramos nuestra vida en el Plan de Salvación de Dios […] y en Jesucristo y Su evangelio, podemos sentir gozo independientemente de lo que esté sucediendo —o no esté sucediendo— en nuestra vida. El gozo proviene de Él y gracias a Él. Él es la fuente de todo gozo”5

Esta es la ocasión perfecta para que consideremos en oración nuestro enfoque. ¿Cuáles son sus esperanzas para esta temporada navideña? ¿Cuáles son sus deseos sinceros para ustedes y sus seres queridos al reunirse en este día santísimo?

En dos semanas y media llegará el día de Navidad. Consideren lo que tengan en su calendario para las próximas dos semanas y media. Es posible que se sientan abrumados por demasiados compromisos y todo lo que tienen que hacer. ¿Está su horario sobrecargado? ¿Ciertas tradiciones y presiones culturales están causándoles excesivo estrés e impidiéndoles recibir y reflejar el gozo del nacimiento de Cristo? ¿Cómo podrían simplificar su calendario esta Navidad y planificar mejor para la próxima?

Debemos tener cuidado de no estar tan ocupados y cansados por tratar de hacer demasiado, que perdamos el enfoque de la temporada y no podamos arrodillarnos figuradamente ante el pesebre, adorar al Rey recién nacido y llevarle nuestro propio obsequio personal.

Jóvenes madres, y todos nosotros, ¿están sobrecargadas? ¿En qué están enfocadas? Quizás este año no envíen las tarjetas de Navidad, o dejen de lado cualquier otra expectativa impuesta quizás por las redes sociales. El costo en tiempo o dinero les privará parcialmente de capacidad para centrarse en el Salvador y sentir Su gozo en Navidad.

Jóvenes padres, y el resto de nosotros, ¿en qué están enfocados? Quizás este año tengan una Navidad simplificada con más regalos caseros y de servicio, ya que la presión y el costo de tratar de comprar todo es demasiado grande e innecesaria, y les privará parcialmente de capacidad para centrarse en el Salvador y sentir Su paz en Navidad.

El servicio en el templo durante la Navidad puede ser especialmente significativo. El templo corrige nuestro enfoque, aumenta nuestro gozo y une a las familias aquí y del otro lado del velo. Consideren prestar servicio en el templo en vez de otra actividad navideña que quizás no les ayude con su deseo de tener una Navidad apacible. Esas ordenanzas sagradas —la paz y el poder del sacerdocio que estas poseen para todos los que las valoran—, solo son posibles gracias al Hijo Unigénito del Padre, este “Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo”6 y cuyo nacimiento ahora celebramos.

Al acercarse esta Navidad, hagamos más de lo que importa y mucho menos de lo que no importa. Procuremos hacer las obras de Jesús de Nazaret: levantar a los afligidos, sanar a los quebrantados de corazón, visitar a los encarcelados, alimentar a los hambrientos, vestir a los desnudos y dar voz a los que no tienen voz, a los marginados, a los olvidados y a los despreciados7.

Para aquellos que están en crisis esta Navidad, rogamos que encuentren el regalo de amor del Salvador que es solo para ustedes. En este momento hay muchos que están a punto de perder a seres queridos por enfermedad, vejez o algún terrible accidente. Muchos recuerdan pérdidas pasadas que ocurrieron en Navidad y este será un aniversario doloroso para ustedes. Algunos lamentan las decisiones que sus seres queridos están tomando en este momento. Otros están solos, sin familia, experimentando tribulación, o por cualquier razón encaran una Navidad muy diferente a las que han celebrado en el pasado.

Crean que hay un regalo particular para ustedes en esta temporada. Busquen momentos tranquilos y solitarios donde puedan meditar, orar y sentir la amorosa bondad de Aquel cuyo nacimiento hace posible cualquier gozo en la vida de cualquiera. La promesa es que un día, “ya no habrá más muerte, ni habrá más llanto, ni clamor ni dolor”8. “Ya no tendrán hambre ni sed […] porque el Cordero que está en medio del trono los pastoreará y los guiará a fuentes de aguas vivas; y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos”9.

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Dense tiempo para estar quietos, respirar y maravillarse; miren a lo alto; céntrense en el gran don del Señor: el conocimiento de quiénes son ustedes en realidad y el entendimiento de que las pruebas aquí son fugaces y que el gozo en esta vida es solo el comienzo del gozo venidero. Recuerden: “… el gozo que sentimos tiene poco que ver con las circunstancias de nuestra vida, y tiene mucho que ver con el enfoque de nuestra vida”.

“Y ahora quisiera exhortaros a buscar a este Jesús de quien han escrito los profetas y apóstoles, a fin de que la gracia de Dios el Padre, y también del Señor Jesucristo, y del Espíritu Santo, que da testimonio de ellos, esté y permanezca en vosotros para siempre jamás”10. Que podamos decir: “Señor, nos gozamos en Tu nacimiento […]. Venid y adoremos”11.

En el nombre de Jesucristo. Amén.