Ulisses Soares

del Cuórum de los Doce Apóstoles

Élder Ulisses Soares, del Cuórum de los Doce Apóstoles

El élder Ulisses Soares, primer apóstol proveniente de Sudamérica, reconoce que está agradecido de venir de un país “donde el Evangelio está creciendo y que el Señor está brindando tantas bendiciones a nuestra gente”.

Pero él no quiere que se le etiquete. Su llamamiento apostólico, dijo, no conoce fronteras. Como los otros apóstoles de tiempos antiguos y modernos, su nuevo ministerio es para todo el mundo.

“Fui llamado a ser un siervo, un representante de Jesucristo, un apóstol”, dijo unos días después de ser sostenido al Cuórum de los Doce Apóstoles el 31 de marzo. “Soy brasilero y de Sudamérica, pero podría ser de cualquier parte del mundo”.

El élder Soares y su esposa, Rosana Fernandez Soares, prestaron servicio al mismo tiempo en la Misión Brasil Río de Janeiro y comenzaron a salir en citas luego de reunirse por casualidad en un baile de estaca en São Paulo, después que la hermana Soares completó su servicio misional.

Su dedicación conjunta al Señor ha definido sus vidas como adultos. La pareja rara vez dice “yo” y “mi” cuando analizan sus respectivas vidas, y optan por los pronombres “nosotros” y “nuestro”.

“Nos sentimos muy inadecuados, pero haremos lo que el Señor nos pida que hagamos”, dijo él.

Sostenerlo y trabajar junto a su esposo “es un privilegio maravilloso de servir a Dios; Él ha hecho todo por nosotros”, agregó la hermana Soares.

Un llamamiento inesperado

“El presidente Nelson se aproximó y sus ojos eran muy penetrantes”, dijo el élder Soares. “Se sentó frente a nosotros, muy cerca. Sostuvo mi mano y la mano de mi esposa… y entonces extendió el llamamiento. Nos dijo que el Salvador deseaba que yo sirviera como uno de Sus apóstoles”.

Fue un momento de humildad. Las emociones abrumaron a la pareja; no se sentían adecuados para la tarea.

Rosana Fernandez Soares y el élder Ulisses Soares

“Pero el presidente Nelson fue tan gentil”, dijo el élder Soares. “Nos dijo que el llamamiento no era acerca de nosotros, sino de amar y servir, siendo representantes de Jesucristo”.

Las palabras esclarecedoras del profeta brindaron de inmediato consuelo y confianza. Comprendieron que Dios califica a quien Él llama. “Somos personas sencillas”, dijo el élder Soares, “pero estamos disponibles para servir en el reino de Señor, sin importar el llamamiento”.

Un “equipo” centrado en el Evangelio

Élder Ulisses Soares

Los trece años del élder Soares como Autoridad General, incluyendo su período sirviendo en la Presidencia de los Setenta, lo han convertido en la cara pública de la familia; pero sabe que aun el barco más prominente va a la deriva sin un ancla.

“Cualquier cosa buena que ocurre en nuestra vida es debido a mi esposa fiel y amorosa”, dijo. “Ella es devota a Jesucristo y a Su Iglesia… Ella es nuestra mentora y bendición”.

La hermana Soares dijo que su esposo —“mi novio eterno”— vive “para nuestra familia y nuestros tres hijos y nietos”. El consuelo y la felicidad de ellos son su consuelo y felicidad. “Cuando ve que estoy cansada me dice: ‘Ve a descansar, haré lo que se necesite hacer’”, comenta la hermana Soares.

El élder Soares trae consigo una rica experiencia profesional y eclesiástica a su nuevo llamamiento. Obtuvo una licenciatura en contabilidad y economía de la Universidad Católica Pontificia de São Paulo, Escuela de Ciencias Económicas, en 1985 y más tarde obtuvo una maestría en administración de empresas. Fue contador y auditor para corporaciones multinacionales en Brasil y, luego, director de asuntos temporales en la oficina de Área de la Iglesia en São Paulo, Brasil.

A pesar de su trabajo ocupado y deberes familiares, el élder Soares sirvió como presidente de cuórum de élderes, consejero de obispado, miembro de sumo consejo, secretario ejecutivo de estaca, agente regional de bienestar, presidente de estaca y presidente de la Misión Portugal Oporto (2000–2003).

Además de hablar portugués, habla inglés y español.

El servicio del élder Soares en los Setenta le brindó diversas oportunidades para trabajar de cerca con los miembros de los Doce, quienes ahora son sus compañeros. Dice que ha aprendido de la instrucción y el ejemplo de ellos. Ha observado cómo los apóstoles y sus esposas viajan por todo el mundo, soportando retrasos de vuelos y problemas de viajes, ajetreos de aeropuertos a hoteles para duchas rápidas y luego apresurarse para estar con los miembros y misioneros ansiosos de escuchar a los “testigos especiales” del Señor.

Los apóstoles de los últimos días, dijo, “dan de sí mismos a esta causa debido a su testimonio de Jesucristo. Es hermoso verlo”.

Procurar revelación

El élder Soares saluda a los jóvenes en Perú.

El pasado mes de junio, el élder Soares dedicó el Centro de Visitantes Sixth Crossing, en el oeste de Wyoming. Se quedó algunas horas después para disfrutar de una cena con parejas de misioneros mayores que prestan servicio en el escenario temático pionero.

Uno de los misioneros le preguntó a los visitantes acerca de cómo lidiar con las discusiones con frecuencia hostiles sobre la Iglesia, su liderazgo y su historia.

Su respuesta de cinco palabras: Lean el Libro de Mormón.

Es la misma guía apostólica que él dice que daría a cualquiera de los más de 16 millones de miembros cuando la fe de ellos se debilite un poco. “Cuando estudian el Libro de Mormón, como nuestros profetas han enseñado, reciben la influencia del Señor”, dijo.

Es un vehículo a la divinidad, un catalizador a la revelación personal. “Si alimentan su fe mediante la revelación no se apartarán de la Iglesia”, comentó. “Sigan adelante y sentirán que el amor del Señor los rodea”.

El élder Soares saluda a un miembro en Salt Lake City, Utah.