Capítulo 18

Un matrimonio de éxito, honorable y feliz

Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Spencer W. Kimball


Cuando las parejas casadas se mantienen fieles al Señor y el uno al otro, disfrutan de una relación armoniosa y eterna.

De la vida de Spencer W. Kimball

Antes de que lo llamaran a formar parte del Quórum de los Doce Apóstoles, Spencer W. Kimball era socio en una compañía de seguros y negocios inmobiliarios de Safford, Arizona. Una de sus empleadas, Carmen Richardson Smith, se refirió a la fidelidad de Spencer y Camilla Kimball cuando su hijo Edward enfermó de polio a principios de la década de 1930:

“La relación entre el hermano Kimball y la esposa es algo que yo admiraba mucho. Cuando Eddie estaba en California, recibiendo extenso tratamiento médico, la hermana Kimball se había quedado con él y el presidente Kimball iba allá en los momentos críticos. Durante los períodos de recuperación después de la intervención quirúrgica, regresaba a casa a fin de cuidar al resto de la familia mientras su esposa permanecía con Eddie.

“Creo que él le escribía diariamente; y no eran cartas breves de unas 50 palabras. A veces, cuando estaba muy presionado por el tiempo, me dictaba una carta; y recuerdo lo que me hacía sentir: era casi como un sagrado honor.

“El suyo era un matrimonio bueno y feliz, y se notaba que se tenían mutuamente en gran estima; parecía que sus respectivos mundos giraban en gran parte el uno alrededor del otro” 1.

Spencer and Camilla's love grew even deeper as they aged.

“Camilla ha estado junto a mí en cada una de mis experiencias”.

El amor que se tenían Spencer y Camilla Kimball, que era tan evidente en sus años de juventud, aumentó y se hizo más fuerte y profundo con el paso de los años. El presidente Kimball expresaba muchas veces la gratitud que sentía por la relación que había entre él y la esposa. “Camilla ha estado junto a mí en cada una de mis experiencias”, decía. “Hemos sepultado a nuestros padres y a otros seres queridos, y hemos renunciado a nuestros propios pequeñitos nacidos prematuramente. Hemos estado juntos en las profundidades del dolor y en las cumbres de la felicidad… Hemos llorado y hemos reído juntos… Nuestra vida ha estado llena de alegría a pesar de los sucesos tristes y serios. Hemos bailado, hemos cantado, hemos invitado a amigos a nuestro hogar, hemos amado y recibido amor. Con una esposa como Camilla Eyring, la vida se hace completa, plena y abundante” 2.

Después de sus largos y felices años de matrimonio, observó lo siguiente: “Lo que necesitamos es un cónyuge bondadoso, que no cuente nuestras arrugas, que no recuerde nuestras tonterías ni debilidades… un cónyuge amoroso con quien hayamos sufrido, derramado lágrimas, orado y adorado al Señor; con quien hayamos pasado dolor y desilusiones, alguien que nos ame por lo que somos o tratamos de ser y no por lo que aparentemos en nuestro exterior” 3.

Enseñanzas de Spencer W. Kimball

El matrimonio eterno es ordenado por Dios y la familia es esencial en el plan que el Padre Celestial tiene para nosotros.

El matrimonio, el matrimonio honorable es ordenado por Dios. Él decretó que la unidad básica de la sociedad fueran el hogar y la familia, y debemos estar sobre aviso referente al hecho de que la cultura falsa de la actualidad se está alejando de ese plan ordenado por Dios…

Parece que en los ámbitos degenerados del mundo existe una creciente tendencia en contra del matrimonio y una fuerte inclinación al matrimonio sin hijos. Como consecuencia natural, surge la pregunta: “¿Para qué casarse?”, y así entra en escena la revolución contra el matrimonio. Se presentan argumentos afirmando que los hijos son una carga, una atadura, una responsabilidad. Muchas personas se han convencido de que el mejor estilo de vida es seguir los estudios y estar libre de restricciones y responsabilidades; y lamentablemente esa idea ignorante y destructiva se ha infiltrado entre algunos de nuestro propio pueblo 4.

A fin de compensar y neutralizar las enseñanzas pervertidas de los medios de comunicación, el cine y la televisión, de los espectáculos y de la calle, debemos enseñar lo que es el matrimonio, el matrimonio correcto, el matrimonio eterno 5.

Una razón básica para el matrimonio eterno es que la vida es eterna; y el matrimonio, para poder concordar con los propósitos eternos, debe concordar con la vida en cuanto a su duración. El matrimonio efectuado por oficiales civiles, o por oficiales de la Iglesia fuera de los templos, está en vigor solamente por el tiempo, es decir, “hasta que la muerte los separe” o “mientras dure la vida de ambos”, y termina con la muerte… El matrimonio eterno es efectuado por el Profeta del Señor, o por una de las contadas personas a quienes él haya delegado esa autoridad. Se realiza en templos santos que se han construido y dedicado para tal propósito. Solamente este género de matrimonio trasciende la tumba y perpetúa las relaciones de esposo y esposa, y de padres e hijos, por la eternidad 6.

Un matrimonio honorable, feliz y con éxito es ciertamente la meta principal de toda persona normal. El matrimonio fue instituido por el Señor para establecer hogares y tener descendientes fuertes y felices, y cualquier persona que intencionalmente lo evite no sólo no es normal sino que frustra su propio programa.

Justifico el uso del término normal porque el Señor mismo estableció la norma al juntar a Adán y a Eva, Su primer varón y Su primera mujer en esta tierra, y al efectuar una ceremonia santa de casamiento para unirlos como marido y mujer. Ellos eran muy diferentes en su constitución y debían desempeñar funciones diferentes. No bien hubo efectuado la ceremonia, Él les dijo: “…multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread…” (Génesis 1:28).

Es normal contraer matrimonio y también es normal y apropiado tener hijos. Toda persona debería querer y planear casarse, porque eso es lo que el Dios en los cielos programó para nosotros; así es como Él lo dispuso 7.

Todo el programa del Señor se organizó inteligentemente para traer al mundo con amor hijos que dependieran de sus padres. De haber prevalecido las ideas superficiales de muchos seres mortales de la actualidad, tanto el mundo como la raza humana y todas las cosas que son apropiadas habrían desaparecido hace ya mucho tiempo…

…El Señor ha dicho que para alcanzar el más alto de los tres cielos o grados de gloria en el reino celestial, “el hombre tiene que entrar en este orden del sacerdocio [es decir, el nuevo y sempiterno convenio del matrimonio];

“y si no lo hace, no puede alcanzarlo” (D. y C. 131:2–3).

Ésa es la debida forma.

Hay hombres que no se casan simplemente porque no quieren, privándose así de bendiciones. Del mismo modo, habrá tal vez mujeres que se priven de bendiciones; hay otras personas que no se han casado porque nunca han tenido la oportunidad. Por supuesto, sabemos que el Señor hará amplias previsiones para que nadie sea condenado jamás por algo de lo que no sea culpable…

No obstante, con respecto al matrimonio y a las funciones que corresponden al hombre y a la mujer, que nadie desafíe a Dios…

Espero de todo corazón que nuestros hermanos Santos de los Últimos Días, varones y mujeres, tanto jóvenes como mayores, beban abundantemente del agua de vida y vivan de acuerdo con las hermosas y amplias funciones que el Señor les ha asignado.

Espero que no intentemos perfeccionar un plan que ya es perfecto y que procuremos con toda nuestra alma, mente y fuerza perfeccionarnos en el extenso plan que se nos ha dado. No sería justo que culpáramos al programa porque algunos hayan fallado. Debemos controlar nuestra actitud, nuestras actividades, nuestro modo de vivir en todos sus aspectos, a fin de hacernos merecedores de ser herederos de las ricas y numerosas bendiciones que se nos han prometido 8.

El matrimonio eterno exige una cuidadosa preparación.

El matrimonio es quizás la más vital de todas las decisiones, la que tiene efectos de largo alcance, ya que tiene que ver no sólo con la felicidad inmediata, sino también con el gozo eterno. Afecta no solamente a los cónyuges sino también a su familia, y en particular a sus hijos y a los descendientes de éstos a través de muchas generaciones.

Desde luego, cuando se elige a un compañero para esta vida y para la eternidad, se debe efectuar la más cuidadosa preparación, meditación, oración y ayuno para asegurarse de que, entre todas las que se tomen, ésta no sea una decisión equivocada. En un verdadero matrimonio debe existir una unión de la mente así como del corazón. Las emociones no deben determinar las decisiones por completo, sino que la mente y el corazón, fortalecidos mediante el ayuno, la oración y una consideración seria, nos proporcionarán la mejor oportunidad para la felicidad marital, lo que conlleva la necesidad de sacrificarse, de compartir y de una gran abnegación…

…La idea de las “almas gemelas” es una quimera, una ilusión; y aunque toda persona joven, hombre o mujer, tratará con toda diligencia y devoción de encontrar a la persona con la cual la vida pueda ser más compatible y hermosa, también es cierto que casi todo buen hombre y toda buena mujer podrían tener felicidad y éxito en el matrimonio si ambos estuvieran dispuestos a pagar el precio…

Eternal marriage requires careful preparation.

“Casi todo buen hombre y toda buena mujer podrían tener felicidad y éxito en el matrimonio si ambos estuvieran dispuestos a pagar el precio”.

Dos personas que estén considerando el matrimonio deben darse cuenta de que ese estado legal no garantiza automáticamente la felicidad que tanto esperan, sino que ese convenio significa sacrificarse, compartir y aun renunciar a ciertas libertades personales; significa una larga y ardua economía; significa hijos que traen consigo cargas económicas, de servicio, de cuidado y preocupación; pero también significa la más profunda y dulce de todas las emociones 9.

La postergación del matrimonio… no es completamente aceptable. Todas las personas normales deben planificar su vida de manera de contraer en su juventud el matrimonio apropiado en el templo, de multiplicarse y tener a su familia en los primeros años de madurez 10.

Los jóvenes que trazan su curso hacia el matrimonio en el templo ya han establecido una pauta para sus pensamientos que les dará la docilidad para hacer planes mutuos con la compañera o el compañero elegido, una vez que lo hayan encontrado. Aun antes de ser solemnizado su matrimonio en el santo lugar, estarán proyectando su vida juntos y continuarán igual procedimiento como desposados al sentarse para trazar su camino a través de una vida venturosa, satisfactoria y espiritual hasta la exaltación en el reino de Dios 11.

Cualquiera de ustedes daría la vuelta al mundo para recibir la ordenanza de sellamiento si conociera su importancia, si comprendiera cuán grande es. Ni la distancia, ni la carencia de fondos ni cualquier otra situación les impediría casarse en el santo templo del Señor 12.

Nuevo será el espíritu que existirá en Sión el día en que las jovencitas les digan a sus novios: “Si no puedes conseguir una recomendación para el templo, no estoy dispuesta a atarme a ti, ni siquiera por la duración de esta vida”; del mismo modo, cuando los jóvenes que regresen de la misión y les digan a sus novias: “Lo siento, pero a pesar de lo mucho que te amo, no podré casarme contigo a no ser que lo hagamos en el templo del Señor”…

…Nos preguntamos por qué, con todas estas bendiciones y promesas, la gente no lleva a cabo un casamiento correcto, arriesgándose de esa manera a desperdiciar su vida en un desierto que tal vez nunca llegue a florecer. ¿Cuál es el motivo que podría impulsar a una persona a pensar en casarse fuera del templo y arriesgar así esas glorias que están a su disposición? 13

Los matrimonios pueden seguir una fórmula infalible para encontrar la felicidad el uno con el otro.

Casi todas las uniones matrimoniales podrían ser hermosas, armoniosas, felices y eternas si los dos participantes determinaran que así debe ser, que así tiene que ser y que así será14.

El solo hecho de efectuar una ceremonia no brinda la felicidad ni un buen matrimonio. La felicidad no se adquiere apretando un botón, como sucede con la luz eléctrica; la felicidad es un estado de ánimo y proviene de nuestro interior; se debe ganar; no se puede comprar con dinero; no se logra a menos que se dé algo a cambio.

Algunos consideran que la felicidad es una vida fascinante de ocio, lujos y emociones constantes; pero un verdadero matrimonio se basa en una felicidad que es más que eso, que proviene de dar, prestar servicio, compartir, sacrificarse y ser abnegado.

Dos personas que proceden de diferentes condiciones y formación pronto se dan cuenta, después de la ceremonia, de que es necesario hacer frente a la realidad. Atrás queda la vida de fantasía, de ensueño; debemos bajar de las nubes y poner los pies bien afirmados en la tierra. Se deben asumir responsabilidades y aceptar nuevos deberes; habrá que renunciar a algunas libertades personales y efectuar muchos ajustes desinteresados.

Después de la boda, uno empieza a descubrir muy pronto que el cónyuge tiene debilidades que antes no se habían advertido o descubierto. Las virtudes que constantemente se realzaban durante el noviazgo parecen hacerse más pequeñas, mientras que las debilidades que antes parecían tan pequeñas e insignificantes alcanzan proporciones considerables. El momento ha llegado de tener un corazón comprensivo, de evaluarse a sí mismo, de emplear el sentido común, de razonar y planear…

Existe una fórmula infalible, la cual garantiza a toda pareja un matrimonio feliz y eterno; pero, al igual que en todas las fórmulas, no se deben eliminar, reducir ni limitar los ingredientes principales. La selección antes del cortejo y la expresión constante de afecto después de la ceremonia matrimonial son de igual importancia, pero no son más importantes que el matrimonio mismo. Su éxito depende de ambos cónyuges, no de uno, sino de los dos.

En el matrimonio iniciado y fundamentado sobre normas razonables… no hay combinaciones de poder que puedan destruirlo, excepto el poder que existe en cada uno de los cónyuges o en ambos; y generalmente ambos deben asumir la responsabilidad. Puede haber otras personas o elementos que influyen para bien o para mal; puede parecer que el aspecto económico, social o político, así como otras situaciones, tengan cierta influencia; pero el matrimonio depende ante todo y siempre de ambos cónyuges, que siempre pueden lograr éxito y felicidad en su matrimonio si se lo proponen y si son desinteresados e íntegros.

La fórmula es sencilla; los ingredientes son pocos, aunque existen numerosas ramificaciones de cada uno.

Primero, debe existir una actitud adecuada hacia el matrimonio. La persona debe tratar de seleccionar al cónyuge que, hasta donde sea posible, alcance el pináculo de la perfección en todos los aspectos que tengan importancia para ambos. Luego, ambas partes deben llegar al altar del templo conscientes de que deben trabajar arduamente para tener éxito en la vida en común.

Segundo, debe abundar la generosidad, olvidándose del “yo”, dirigiendo toda la vida familiar y lo que a ella corresponda hacia lo que sea de beneficio para la familia, y subyugando los propios deseos.

Tercero, el romance y las expresiones de afecto, amabilidad y consideración deben continuar a fin de que el amor se mantenga vivo y crezca.

Cuarto, se deben vivir plenamente los mandamientos del Señor, tal como se encuentran definidos en el Evangelio de Jesucristo.

Si se mezclan estos ingredientes de forma adecuada y se mantienen en funcionamiento constante, es casi imposible que surja la desdicha, que continúen los malos entendidos o que se llegue a una separación. Los abogados especializados en divorcios tendrían que especializarse en otras categorías y los tribunales dedicados a esos casos terminarían por cerrar 15.

La abnegación y la observancia de los mandamientos llevan al éxito del matrimonio.

Antes de hacer los votos matrimoniales, los novios deben comprender que es necesario que cada uno acepte, literal y plenamente, que el bienestar de la nueva familia debe anteponerse siempre al bienestar propio. Cada uno de ellos debe eliminar el “yo” y el “mi” o “mío” y substituirlo por… “nosotros” y “nuestro”. En toda decisión se debe considerar el hecho de que habrá dos o más personas que se verán afectadas. Ahora, al tener que tomar decisiones importantes, la esposa tendrá en cuenta la manera en que éstas afectarán a la pareja, a los hijos, al hogar y la vida espiritual de todos. En la elección de la ocupación del marido, en su vida social, sus amistades, sus intereses personales, es preciso considerar el hecho de que él es sólo parte de una familia y que se debe tener en cuenta a todo el grupo familiar 16.

A fin de que dos personas obtengan éxito en su matrimonio, necesitan tener un presupuesto, cuidadosamente preparado por ambos, y después ceñirse estrictamente a él; muchos matrimonios se disuelven en el mercado, cuando se hacen compras que no se habían proyectado. Recuerden que el matrimonio es una sociedad y no es probable que se logre el éxito si no funciona como tal 17.

Quizás la vida matrimonial no transcurra siempre sin alteraciones ni dificultades, pero puede haber en ella gran paz. Una pareja podrá tener pobreza, enfermedad, desalientos, fracasos y hasta muerte en la familia, pero todo eso no tiene por qué robarles la paz. El matrimonio puede tener éxito siempre que el egoísmo no forme parte de él. Si existe una abnegación total, los problemas y las dificultades unirán a los padres con lazos inquebrantables…

El amor es como una flor y, al igual que el cuerpo, precisa de alimento constante. Si no se le alimentara con frecuencia, dentro de poco el cuerpo terrenal se consumiría y moriría. La tierna flor se marchitaría y moriría sin agua y alimento. Así también, no se puede esperar que el amor dure eternamente a menos que se le alimente de continuo con porciones de afecto, manifestaciones de aprecio y admiración, expresiones de gratitud y la consideración que proviene de la abnegación.

El altruismo total es otro factor que contribuirá a lograr un matrimonio feliz; si se buscan constantemente los intereses, la comodidad y la felicidad del cónyuge, el amor que se descubre durante el cortejo y se afirma en el matrimonio crecerá en dimensiones inconmensurables. Muchas parejas permiten que su matrimonio se estanque y que el amor se enfríe como el pan duro, los chistes viejos y los restos de comida. No hay duda de que los nutrientes más importantes para el amor son: la consideración, la amabilidad, la cortesía, la preocupación el uno por el otro, las expresiones de afecto, los abrazos que denotan aprecio, la admiración, la satisfacción, el compañerismo, la confianza, la fe, el esfuerzo mutuo, la igualdad y la interdependencia.

A fin de ser realmente felices en el matrimonio, debemos observar fiel y continuamente los mandamientos del Señor; nadie, ya sea soltero o casado, ha logrado una felicidad sublime a menos que fuera justo. Hay satisfacciones temporarias y situaciones fingidas momentáneas, pero la felicidad total y permanente sólo se obtiene mediante la pureza y la dignidad…

…Si dos personas aman al Señor más que a su propia vida, y luego se aman mutuamente más que a su propia vida, seguramente gozarán de esta gran felicidad trabajando juntos en una armonía total, con el programa del Evangelio como estructura básica. Si marido y mujer van juntos con frecuencia al santo templo, se arrodillan en el hogar para orar con su familia, asisten tomados de la mano a sus reuniones religiosas, mantienen su vida totalmente casta —mental y físicamente— a fin de que todos sus pensamientos, deseos y amor estén centrados en un solo ser, el cónyuge, y ambos colaboran para edificar el reino de Dios, entonces gozan de la felicidad en todo su esplendor 18.

El matrimonio exige total lealtad y total fidelidad.

Hay personas casadas que dejan que los ojos y los sentimientos vayan adonde no deben, que piensan que no está mal flirtear un poco, compartir el corazón y desear a otra persona que no sea su cónyuge. El Señor dice en términos muy claros: “Amarás a tu esposa con todo tu corazón, y te allegarás a ella y a ninguna otra” (D. y C. 42:22).

Y cuando Él dice con todo el corazón, no da lugar a compartirlo, a dividirlo ni a quitarlo. Y para la mujer, se podría parafrasear lo mismo: “Amarás a tu marido con todo tu corazón, y te allegarás a él y a ningún otro”.

Las palabras ninguna otra [ningún otro] excluyen a todos y a todo lo demás. El cónyuge de ese modo se vuelve preeminente en la vida de su compañero o compañera, y ni la vida social ni el trabajo ni la política ni ningún otro interés, persona o cosa alguna puede tomar precedencia sobre éste. Hay a veces mujeres que se dejan absorber por los hijos a costa del marido, incluso hasta el punto de apartarse de él.

A ellas el Señor les dice: “Te allegarás a él y a ningún otro” 19.

Frecuentemente, las personas continúan allegándose a su madre, a su padre y a sus amigos. A veces, la madre no cede la influencia que ha tenido en sus hijos, y tanto el marido como la mujer regresan a sus padres para obtener consejo y confiarles sus problemas; en cambio, deberían allegarse al cónyuge en la mayoría de los casos, y mantener en secreto y en privado todas sus intimidades 20.

El matrimonio lleva implícitas una lealtad y una fidelidad totales. Cada uno de los cónyuges toma al otro con la condición de que le entregará por completo el corazón, la fuerza, la lealtad, el honor y el afecto, con toda dignidad. Cualquier desviación es pecado; cualquier sentimiento hacia otra persona es transgresión. Así como debemos tener “la mira puesta únicamente en la gloria de Dios”, debemos tener la mira, el oído, el corazón puestos únicamente en el matrimonio, el cónyuge y la familia 21.

Suplico a todos los que estén unidos por los votos y los convenios matrimoniales que hagan que esa unión sea santa, la mantengan fresca y se expresen el afecto a menudo, elocuente y sinceramente.

Hombres casados, vengan al hogar —en cuerpo, espíritu, mente, lealtades, intereses y afectos— y amen a su compañera en una relación sagrada e inquebrantable.

Mujeres casadas, vengan al hogar con todos sus intereses, fidelidad, anhelos, lealtades y afectos, y esfuércense juntos por hacer que su hogar sea un cielo bendito. De ese modo complacerán inmensamente a su Señor y Maestro y se asegurarán una felicidad suprema 22.

Sugerencias para el estudio y la enseñanza

Al estudiar el capítulo o al prepararse para enseñar su contenido, tenga en cuenta estos conceptos. Para ayuda adicional, vea las páginas V–X.

  • ¿Qué creen que son las evidencias de que un matrimonio es honorable? ¿Y feliz? ¿Y de éxito? ¿Cuáles de esas evidencias se manifestaban en la relación del presidente Kimball con su esposa, Camilla? (Véanse las págs. 210–212.)

  • Repase la sección que empieza en la página 212. ¿Cuáles son algunas de las influencias que hay en el mundo actual que puedan considerarse contrarias al matrimonio? ¿Qué efectos tienen esos ataques? ¿Qué podemos hacer “a fin de compensar y neutralizar” esas influencias, particularmente en nuestro hogar?

  • De las enseñanzas del presidente Kimball en cuanto a la preparación para un matrimonio eterno, ¿cuáles le impresionan más? ¿Por qué? (Véanse las págs. 215–217.) ¿Cuáles de esas enseñanzas serían útiles para los que ya estén casados?

  • El presidente Kimball menciona una “fórmula infalible” para un matrimonio feliz (págs. 218–219). ¿Qué efecto tendría en la relación el hecho de que faltara uno de esos ingredientes?

  • El presidente Kimball enseñó que los cónyuges deben “allegarse” el uno al otro y a nadie más (págs. 221–222). ¿Qué pueden hacer las parejas casadas para asegurarse de que las obligaciones y los intereses exteriores no interfieran con su mutua lealtad?

Pasajes relacionados: Génesis 2:18, 21–24; 1 Corintios 11:11; Efesios 5:22–25; D. y C. 132:7–21.

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Notas

  1. Citado en “President Spencer W. Kimball: On the Occasion of His 80th Birthday”, Ensign, marzo de 1975, págs. 6, 8.

  2. Citado por Caroline Eyring Miner y Edward L. Kimball en Camilla: A Biography of Camilla Eyring Kimball, 1980, pág. VIII.

  3. The Teachings of Spencer W. Kimball, ed. por Edward L. Kimball, 1982, pág. 310.

  4. Véase “Fortalezcamos nuestros hogares…”, Liahona, agosto de 1979, págs. 7, 8.

  5. “Marriage Is Honorable”, en Speeches of the Year, 1973, 1974, pág. 266.

  6. El milagro del perdón, 1976, pág. 248.

  7. Véase “La importancia del matrimonio celestial”, Liahona, octubre de 1980, pág. 5; cursiva agregada.

  8. Véase “El plan del Señor para el hombre y la mujer”, Liahona, abril de 1976, pág. 3.

  9. Véase “Unidad en el matrimonio”, Liahona, octubre de 2002, págs. 36, 38, 39.

  10. En Conference Report, Conferencia de Área de Estocolmo, Suecia, 1974, pág. 10.

  11. Véase El milagro del perdón, pág. 254.

  12. Véase Liahona, octubre de 1980, pág. 4.

  13. Véase “La decisión matrimonial”, Liahona, julio de 1976, pág. 3.

  14. “Marriage Is Honorable”, pág. 257.

  15. Véase Liahona, octubre de 2002, págs. 36–37, 38–39.

  16. Véase Liahona, octubre de 2002, pág. 39.

  17. Véase “Así alumbre vuestra luz…”, Liahona, febrero de 1976, pág. 4.

  18. Véase Liahona, octubre de 2002, págs. 39, 40–41.

  19. Véase La fe precede al milagro, 1983, págs. 143–144.

  20. Véase Liahona, octubre de 2002, pág. 41.

  21. Véase La fe precede al milagro, pág. 144.

  22. Véase La fe precede al milagro, págs. 149–150.