Doctrina y Convenios 135: Mártires en defensa de la verdad

Doctrina y Convenios e Historia de la Iglesia: Guía de estudio para el alumno, (2000), 160–162


Joseph and Hyrum
La persecución se había convertido en algo de “lo más natural” para el profeta José Smith (D. y C. 127:2). A partir de la Primera Visión en 1820, el adversario se opuso a ese gran profeta de la Restauración. Y a pesar de que los cinco años en Nauvoo fueron de grandes revelaciones y crecimiento para la Iglesia, también fueron años de persecución continua.En 1843 y 1844, el Profeta enseñó y preparó al Quórum de los Doce Apóstoles para guiar a la Iglesia. Sintió que le quedaba poco tiempo. Mientras tanto, hubo quienes dejaron la Iglesia pero no pudieron dejarla en paz. A principios de junio de 1844, algunos ex miembros de la Iglesia y enemigos de la obra publicaron un periódico, el Nauvoo Expositor, donde se propagaban mentiras acerca del Profeta y otros líderes de la Iglesia, lo cual echó combustible al fuego que ya ardía entre los antimormones de la región, que buscaban maneras de remover a los santos que vivían en el oeste del estado de Illinois.Como respuesta al Nauvoo Expositor, el profeta José Smith, actuando en su función de alcalde de Nauvoo, y el consejo de la ciudad ordenaron que se destruyera la prensa del Nauvoo Expositor y quemaran todos los ejemplares del periódico. Los dueños acudieron al juez de Nauvoo y obtuvieron una orden en contra del Profeta y del consejo de la ciudad, pero se les declaró inocentes de todo mal. Los enemigos del Profeta quedaron insatisfechos con esa decisión ya que el juez era miembro de la Iglesia, así que el Profeta y otras personas se entregaron a otro juez que no era miembro de la Iglesia y fueron absueltos una vez más.Esta vez, un periódico del poblado cercano llamado Warsaw, Illinois, se refirió a los mormones como “diablos infernales” y sugirió que la única manera de resolver el problema permanentemente era mediante “pólvora y balas” (véase La historia de la Iglesia en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, págs. 311–312). En esa época intensa y peligrosa, el profeta José Smith pidió ayuda y comprensión a Thomas Ford, el gobernador de Illinois. Mientras tanto, los enemigos del Profeta también habían pedido al gobernador que les ayudara en contra de los mormones. El gobernador pareció tomar el lado de los que se oponían al Profeta. Como resultado, el Profeta sacó en conclusión que lo único que en realidad querían era apoderarse de él y de su hermano Hyrum. Rápidamente creó un plan para abandonar la ciudad y comenzó a buscar la manera de que los santos emigrasen hacia el Oeste, migración que él sabía, mediante revelación, que se llevaría a cabo en algún momento. Él creía que si se iba, las persecuciones disminuirían. Algunos miembros de la Iglesia no estaban de acuerdo con el plan, diciendo que él los abandonaba para que enfrentaran solos la persecución. El Profeta contestó: “Si mi vida no tiene ningún valor para mis amigos, ningún valor tiene para mí” (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 470), y regresó a Nauvoo.El profeta José Smith, Hyrum Smith y algunos miembros del consejo de la ciudad de Nauvoo fueron acusados de disturbios y llevados, voluntariamente, como cautivos a Carthage. El 25 de junio “se llevó a cabo una audiencia preliminar ante el juez de paz Robert F. Smith, que era capitán de los ´Carthage Greys´ y activo en el partido antimormón. Cada uno de los hombres fue puesto en libertad bajo una fianza de quinientos dólares y se les mandó presentarse al período siguiente de sesiones del tribunal de distrito; a continuación, la mayoría de los acusados regresaron a Nauvoo, pero José y Hyrum Smith se quedaron para una audiencia con el gobernador Ford. Al anochecer, apareció un oficial de policía con una orden de arresto firmada por el juez Smith con el fin de poner en la cárcel al Profeta y a Hyrum Smith hasta que se les pudiera hacer un juicio por traición, una ofensa penada con la muerte. José Smith y sus abogados protestaron diciendo que el auto de prisión era ilegal, puesto que no se había mencionado ese cargo durante la audiencia preliminar. Estas quejas se presentaron al gobernador, pero él dijo que no podía estorbar a un oficial civil en el cumplimiento de sus deberes” (La historia de la Iglesia en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, pág. 316). Sin embargo, prometió que si iba a Nauvoo, se llevaría al Profeta y a Hyrum Smith consigo.
Men at table
El jueves 27 de junio de 1844, el Profeta mandó a Dan Jones —que había pasado la noche en la cárcel de Carthage al igual que los élderes John Taylor y Willard Richards— decirle al gobernador Ford que había escuchado planes de asaltar la cárcel y matar a los hermanos Smith. El gobernador Ford le aseguró a Dan Jones que el Profeta no corría ningún peligro. No se le permitió al hermano Jones volver a la cárcel, así que partió hacia Nauvoo. El gobernador Ford también fue a Nauvoo, pero no llevó al Profeta consigo.Esa tarde, el profeta José Smith se sintió apesadumbrado. Le pidió a John Taylor que cantara “Un pobre forastero” (véase Himnos, N° 16). Hyrum Smith le pidió al élder John Taylor que lo cantara otra vez, pero él también se sentía lleno de tristeza y no creyó poder hacerlo, aunque de todos modos lo cantó.Se les había permitido a los hombres quedarse en una habitación que quedaba en el piso de arriba de la cárcel, pero el carcelero entró y sugirió que regresaran a la celda. Él creía que allí estarían más seguros. El profeta José Smith preguntó a Willard Richards si los acompañaría a la celda en caso de que tuvieran que regresar a ella. El élder Richards le dijo al Profeta que moriría en su lugar si trataban de quitarle la vida. El Profeta dijo: “Mas no puedes”. El élder Richards replicó: “Lo haré”. (Véase Roberts, Comprehensive History of the Church, tomo II, pág. 283.)
Carthage

Cárcel de Carthage

El élder John Taylor registró: “Estaba sentado junto a una de las ventanas del frente de la cárcel cuando vi a un grupo de hombres con caras pintadas doblar la esquina de la cárcel y dirigirse hacia las escaleras. Los otros hermanos vieron lo mismo puesto que cuando me dirigí a la puerta, me encontré con el hermano Hyrum Smith y el doctor Richards, que ya estaban apoyándose en ella. Los dos presionaban la puerta con sus hombros para impedir que se abriese, dado que el cerrojo y seguro eran prácticamente inservibles” (Gospel Kingdom, pág. 359). El presidente Joseph Fielding Smith escribió: “Poco después de las cinco hubo un sonido proveniente de la puerta de entrada a la cárcel, un grito indicando a los guardias que se rindieran, disparos de armas de fuego, y acto seguido la arremetida a la cárcel por parte de un populacho de milicia enloquecido, embriagado de odio y desorganizado” (Church History and Modern Revelation, tomo II, pág. 401). Un disparo atravesó la puerta e hirió a Hyrum en el rostro. Un segundo disparo entró de afuera, dándole en la espalda, y Hyrum cayó a tierra diciendo: “Soy hombre muerto”. El Profeta se lanzó al piso. “Oh, mi pobre y amado hermano Hyrum”. Empuñó una pistola de seis tiros y en vano intentó defenderse. John Taylor vio la ventana como forma de escape, pero en el proceso fue baleado. Fue herido, pero se salvó de morir porque una de las balas dio en el reloj que llevaba en el bolsillo del chaleco, dejando por siempre marcada la hora del martirio: las cinco de la tarde con 16 minutos y 26 segundos del 27 de junio de 1844.El profeta José Smith también se dirigió hacia la ventana. Iba en camino cuando dos balas disparadas de atrás le dieron por la espalda y otra disparada de afuera le dio por delante. Se detuvo sobre el alféizar de la ventana antes de caer desde allí hacia afuera (véase D. y C. 135:1).Repentinamente, se escuchó a alguien gritar desde afuera: “¡Vienen los mormones!”. No venían, pero la idea asustó tanto al populacho que huyó velozmente. Cuando el gobernador Ford se enteró de lo ocurrido, tomó las medidas necesarias para proteger a la ciudad de Carthage. Los santos, sin embargo, no tenían ningún plan de venganza. Su profeta había muerto y la angustia los abrumaba. Para asegurarse de que no se llevase ningún hecho de venganza, el hermano Willard Richards pronunció un discurso en una reunión pública que se efectuó en Nauvoo y rogó a la gente que no buscara retribución. Los cuerpos de los profetas víctimas del martirio fueron llevados de regreso a Nauvoo, el 28 de junio de 1844. Miles de los que allí vivían fueron al Mesón de Nauvoo para ver los cuerpos y llorar por sus muertes.Al apóstol John Taylor, que fue testigo ocular de los acontecimientos, le pareció importante dejar constancia de lo ocurrido en un registro oficial, a manera de testimonio para el mundo. A medida que leas Doctrina y Convenios 135, piensa en la forma en que el ministerio del profeta José Smith ha afectado tu vida y la de millones de otras personas por todo el mundo.

La comprensión de las Escrituras

Doctrina y Convenios 135

Martirio (encabezamiento, vers. 1):Muerte a causa de la verdad. 
Providencia (vers. 2):Ayuda divina, cuidado de Dios. 
Impugnar (vers. 7):Refutar, contradecir. 

Doctrina y Convenios 135:5—“Su testamento está en vigor”

Lucy Mack Smith, la madre del Profeta y de Hyrum Smith, escribió lo siguiente acerca de las muertes de sus hijos: “Después que se lavó los cadáveres y se los vistió con sus ropas fúnebres, nos permitieron verlos. Por mucho tiempo había preparado cada nervio, ejercitado toda la energía de mi alma y clamado ante Dios para que me fortaleciera, pero cuando entré a la pieza y vi a mis hijos asesinados, los dos yacentes al mismo tiempo ante mis ojos, y oí los sollozos y lamentos de mi familia y las exclamaciones de ‘¡Padre!, ¡Esposo!, ¡Hermanos!’ salir de los labios de sus esposas, hijos y hermanos, fue demasiado; Me sumí en la agonía de mi alma y desde ella clamé al Señor: ‘Dios mío, Dios mío, ¿por qué has desamparado a esta familia?’. Una voz contestó: ‘Los he llevado a mi reposo, para que puedan descansar…’ Por mi mente pasaron rápidamente todas las escenas de dolor y aflicción que habíamos atravesado juntos, en las cuales ellos me habían mostrado la inocencia y solidaridad que llenaba sus corazones sin engaño. Mientras miraba sus rostros en paz, sonrientes, me parecía que casi los podía oír decirme: ‘Madre, no llores por nosotros; hemos vencido al mundo por amor; les dimos el Evangelio para que sus almas fuesen salvas; nos mataron por nuestro testimonio y así nos han colocado más allá de su poder; su logro es breve, el nuestro es un triunfo eterno” (History of Joseph Smith, págs. 324–325).

El estudio de las Escrituras

A medida que estudies Doctrina y Convenios 135, haz los ejercicios (A–D) que se dan a continuación.

Activity A iconPrepara un reportaje

Imagínate que eres un reportero de televisión que se encuentra parado afuera de la cárcel de Carthage, el día después de la muerte del profeta José Smith y Hyrum Smith. Tienes cuarenta y cinco segundos para presentar un reportaje. Válete de Doctrina y Convenios 135 y de la información que se encuentra en la Introducción de esta misma lección como fuentes de ayuda para escribir lo que dirías en ese corto espacio de tiempo.

Activity B iconAgrega a la lista

  1. 1.

    En la primera oración de Doctrina y Convenios 135:3, el élder John Taylor hace una declaración osada sobre el ministerio del profeta José Smith. Explica el por qué es verdad.

  2. 2.

    Haz una lista de las contribuciones del profeta José Smith a la humanidad, tal como figuran en el versículo 3.

Activity C icon¿Qué piensas al respecto?

Al partir para Carthage, Hyrum Smith leyó las palabras del profeta Moroni que se encuentran en Éter 12:36–38. Consulta ese pasaje de las Escrituras y Doctrina y Convenios 135:4–5, y luego escribe sobre por qué esos pasajes se aplican a la situación del profeta José Smith y de su hermano Hyrum.

Activity D icon¿Cómo te ha afectado la vida de él?

Tomando en cuenta todo lo que has aprendido sobre el profeta José Smith, escribe acerca de las diferentes formas en que la vida de él haya ejercido influencia en tu vida.