Al compartirlo, fortalecemos nuestro testimonio

Sacerdocio Aarónico, Manual 3, 1995


Objetivo

Que cada uno de los jóvenes fortalezca su testimonio al expresarlo con frecuencia.

Preparación

  1. 1.

    Con espíritu de oración estudie Isaías 43:10–12 y Doctrina y Convenios 62:3.

  2. 2.

    Materiales necesarios:

    1. a.

      Los libros canónicos (cada joven debe tener los suyos propios).

    2. b.

      Lápices para marcar las Escrituras.

  3. 3.

    Prepare tres tiras de cartulina, cada una con estas frases:

    1. a.

      “Jesucristo es el Hijo de Dios y el Salvador del mundo.”

    2. b.

      “José Smith es el profeta de Dios por medio de quien se restauró el evangelio.”

    3. c.

      “La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es ‘la única iglesia verdadera y viviente sobre la faz de toda la tierra’ (D. y C. 1:30).”

  4. 4.

    Prepárese para compartir algunas de sus experiencias en cuanto a haber recibido un fortalecimiento o una bendición especial gracias al testimonio de otra persona. De otro modo, podría invitar a un miembro del barrio para que lo haga.

  5. 5.

    Prepare para cada uno de los jóvenes un volante que contenga Doctrina y Convenios 62:3.

Sugerencias para el desarrollo de la lección

Debemos ser testigos de Dios

Pasajes de las Escrituras y análisis

Pida a los jóvenes que lean y marquen Mosíah 18:8–9.

• ¿Qué significa “ser testigos de Dios”? (Estar seguros de que nuestra vida, tanto como nuestras palabras, testifiquen de la existencia de nuestro Padre Celestial y de Jesucristo.)

• ¿Cuándo y dónde debemos ser testigos de Dios?

• ¿En qué maneras podemos ser testigos de Dios?

Explique que podemos ser testigos de Dios por la forma en que actuamos y cómo tratamos a los demás. También podemos ser testigos poderosos cuando compartimos con otros nuestro testimonio. Es más apropiado expresar nuestro testimonio cuando la persona con quien hablamos está preparada para ello y dispuesta a escucharnos.

Pida a un joven que lea Isaías 43:10–12.

• ¿Qué desea el Señor que hagan Sus siervos?

Debemos dar testimonio de las verdades del evangelio

Análisis y presentación a cargo del asesor

• ¿Qué debemos incluir en nuestro testimonio cuando lo expresamos?

Explique a los jóvenes que debemos prestar mucha atención a las palabras que usamos cuando damos nuestro testimonio a otras personas. Nuestros testimonios deben ser breves y sinceros. Debemos dar testimonio de las verdades del evangelio. Podemos referirnos a experiencias que promuevan la fe, pero hacerlo sin ánimo de estar predicando; debemos evitar los relatos prolongados o las declaraciones monótonas y repetitivas.

Tiras de cartulina y análisis Indique a los jóvenes que el élder Bruce R. McConkie destacó cuáles son las tres importantes verdades que deben formar parte de un testimonio (véase Mormon Doctrine, 2da. edición [Salt Lake City: Bookcraft, 1966], pág. 786).

Entregue a un joven las siguientes tiras de cartulina:a. “Jesucristo es el Hijo de Dios y el Salvador del mundo.”b. “José Smith es el profeta de Dios por medio de quien se restauró el evangelio.”c. “La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es ‘la única iglesia verdadera y viviente sobre toda la faz de la tierra’ (D. y C. 1:30).”

Pídale que lea en voz alta y muestre las tiras de cartulina.

• ¿Por qué es importante tener un fuerte testimonio de estas verdades?

• ¿Por qué es importante mencionar estas verdades cuando damos nuestro testimonio?

Nuestros testimonios pueden ayudar a otras personas

Presentación a cargo del asesor o de un visitante

Comparta alguna experiencia que haya tenido por haber recibido un fortalecimiento o una bendición especial gracias al testimonio de otra persona, o pida a un visitante previamente asignado para que lo haga.

• ¿Con quién o quiénes pueden ustedes compartir su testimonio?

Explique que los primeros en escuchar nuestro testimonio debieran ser los miembros de nuestra propia familia. También podemos expresárselo a quienes hemos sido asignados como maestros orientadores, a otros miembros o amigos que no son miembros y ante la congregación de nuestro barrio en reuniones de testimonio.

Repase con los jóvenes la siguiente historia tomada de la lección número 30, en cuanto a una madre que escribió a su hijo una carta compartiendo su testimonio sobre las enseñanzas del Salvador. Dicho testimonio resultó ser una gran bendición para aquel hijo en momentos de una experiencia difícil.

En los primeros días de la Iglesia el élder Frank Croft era misionero en el sur de los Estados Unidos. Se encontraba predicando el evangelio en una región en la que algunos habitantes se ofendieron a raíz de lo que enseñaba. Un grupo de hombres armados lo llevó por la fuerza a un bosque donde lo obligaron a sacarse la camisa y lo ataron a un árbol para azotarlo hasta hacerlo sangrar.

Al élder Croft no le quedaba alternativa alguna sino hacer lo que la chusma le ordenaba. Al quitarse la camisa, se le cayó al suelo una carta que hacía poco había recibido de su madre, que vivía en Utah. Poco tiempo antes, el élder Croft había escrito a sus padres contándoles acerca de la violencia de la chusma. Contestándole, su madre le decía ahora en esa carta:

“Querido hijo, no debes olvidar las palabras del Salvador cuando dijo, ‘Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros.’ Recuerda también al Salvador sufriendo en la cruz cuando dijo aquellas palabras inmortales: ‘Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.’ Por cierto, hijo mío,quienes los maltratan a ustedes, los élderes, no saben lo que hacen, pues de otro modo no lo harían. Alguna vez, en algún lado llegarán a comprender y se arrepentirán de sus acciones y los honrarán a ustedes por la gloriosa labor que están realizando. Sé paciente, pues, hijo mío; ama a quienes los maltratan y dicen toda clase de mentiras contra ustedes y el Señor los bendecirá y engrandecerá ante ellos y la misión de ustedes tendrá un éxito maravilloso.”

El cabecilla del grupo levantó la carta y comenzó a leerla. Su mirada era tan dura y cruel que el élder Croft no creía encontrar en él simpatía alguna. Cerró los ojos y esperó que comenzaran a azotarlo, pensando silenciosamente en su hogar y en su madre amada. Al cabo de unos momentos, abrió los ojos y vio con sorpresa que aquel cabecilla se había sentado sobre un tronco de árbol y estaba leyendo la carta. Aun percibió en su rostro un cambio notable. “La dureza y crueldad parecían haber desaparecido de su rostro y sus ojos estaban un tanto humedecidos por las lágrimas. Su personalidad había cambiado completamente. Leía una o dos líneas o un párrafo y se detenía a meditar. En lo íntimo de su corazón, el élder Croft tuvo la esperanza, sí, aun la certeza de que el amor y la belleza de la carta de su madre había impresionado profundamente el corazón de aquel hombre.”

Finalmente, el hombre se puso de pie y dijo: “Tu madre debe ser una mujer maravillosa. Yo también tuve, una vez, una madre así”. Dirigiéndose entonces a sus secuaces, les dijo: “Muchachos, después de leer la carta de la madre de este mormón, no puedo continuar con lo que quería hacer. Mejor será que lo dejemos libre”. Y así fue que soltaron del élder Croft sus ligaduras y lo dejaron ir. (Véase Arthur M. Richardson, The Life and Ministry of John Morgan [Nicholas G. Morgan Sr., 1965], págs. 268–269.)

• ¿De qué verdades dio testimonio aquella madre a su hijo?

• ¿En qué manera bendijo el testimonio de esa madre a su hijo y a los que lo perseguían?

Experiencias personales

Invite a los jóvenes a que compartan algunas experiencias personales que hayan tenido al expresar formal o informalmente su testimonio a un familiar o amigo.

Fortalecemos nuestros testimonios al compartirlos con otros

Cita

Uno de los líderes de la Iglesia aprendió que nuestros testimonios se fortalecen cuando los compartimos con los demás. El élder Marvin J. Ashton relató así una experiencia que tuvo con un joven de doce años de edad:

“…El poder de un testimonio sencillo y sin adornos me impresiona siempre. Recuerdo a un muchachito de doce años que se paró a dar su testimonio. Mientras trataba de hablar, tembloroso y conmovido, la voz se le quebró y se quedó allí, de pie y en silencio; todos estábamos emocionados, rogando interiormente que pudiera encontrar las palabras para seguir hablando; los segundos se arrastraban implacables, haciendo que el silencio fuera más intenso. Después de un momento de gran ansiedad… levantó la cabeza y con voz apenas audible dijo:

“—Hermanos, mi testimonio es demasiado pequeño.

“Después, se aclaró la garganta y se sentó. Mas su mensaje había llegado a nosotros. Sus palabras me hicieron pensar en aquel momento, y desde entonces, muchas veces: ¡Qué observación tan acertada! ¿Quién no tiene un testimonio pequeño? ¿Qué testimonio no necesita fortalecerse constantemente? Después de oír su ‘sermón’ de una sola frase, reconocí que también mi testimonio era muy pequeño, y me propuse hacer que aumentara compartiéndolo con otras personas más frecuentemente. Aquel día aprendí una lección por medio de la sencilla declaración de un muchachito” (Liahona, octubre de 1977, págs. 54–55).

Análisis y cita

• ¿Por qué se fortalecen nuestros testimonios al compartirlo con otros?

Permita que los jóvenes analicen este tema y léales luego la siguiente declaración:

“Cuando una persona comparte su testimonio, recibe nueva fortaleza y poder espiritual. Creo que esto sucede porque al buscar las palabras adecuadas para expresar nuestras creencias hacemos que éstas sean aún más reales. Al compartir con alguien lo mucho que amamos a nuestros padres, instintivamente intensificamos ese sentimiento. Y al tratar de expresarlo en forma debida, enfocamos mejor ese concepto… Cuando damos en público nuestro testimonio, a menudo obtenemos una idea mejor del evangelio.

“…Al hablar de nuestros sentimientos, nos concentramos más en ellos hasta reconocer cuán importantes son para nosotros. Si damos nuestro testimonio con frecuencia, eso hará que lo que sabemos se convierta en una íntima parte de nuestro ser” (Margaret Hoopes, “Community and Communing,” Ensign, enero de 1978, pág. 50).

Conclusión

Presentación por el asesor y testimonio

Explique a los jóvenes que es muy importante que compartamos con otros nuestro testimonio de la verdad porque de esa manera iremos fortaleciéndolo. Quien expresa su testimonio, se beneficia a sí mismo y a la vez bendice a los demás.

Comparta su testimonio personal con los jóvenes.

Volante y cometido

Distribuya entre ellos una tarjeta o papel con la referencia de Doctrina y Convenios 62:3. Pídales que busquen este pasaje y lo marquen. Exhórteles a que lo memoricen durante la próxima semana.

En la próxima reunión del quórum verifique si han memorizado dicho pasaje.

Actividad sugerida

Como una actividad práctica, planee con los jóvenes una reunión especial en la que todos tengan la oportunidad de compartir con todos los del quórum su testimonio.