Los primeros misioneros que predicaron el Evangelio restaurado en Samoa llegaron de Hawái en 1863. Más tarde, los misioneros estadounidenses abrieron oficialmente una misión en las islas en 1888 y la Iglesia creció constantemente en los años siguientes. En 1983, se dedicó un templo en Apia, Upolu.
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En 1863, Kimo Pelio y Samuela Manoa, dos misioneros enviados desde Hawái, llevaron el Evangelio restaurado a las islas de Samoa. Debido a unas complicaciones de la Iglesia en Hawái, los misioneros adicionales que esperaban no llegaron nunca, pero ambos decidieron permanecer en las islas. En 1888, llegaron Joseph y Florence Dean para abrir formalmente la misión. En 1900, cuando Samoa se dividió en un territorio occidental gobernado por Alemania y otro oriental gobernado por Estados Unidos, había más de mil Santos de los Últimos Días en las islas.
A comienzos de la década de 1900, además de enseñar el Evangelio, la Iglesia organizó escuelas —en diferentes momentos, en inglés, alemán y samoano— y estableció la comunidad de Sauniatu. Los Santos de los Últimos Días se ministraron unos a otros durante la devastadora pandemia de gripe de 1918, cuando falleció una quinta parte de la población del país, y ellos evidenciaron su disposición a “llorar con los que lloran” (Mosíah 18:9).
En los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, la Iglesia se centró más en la formación de líderes locales y muchos samoanos aprendieron sobre el liderazgo en la Iglesia, así como aptitudes profesionales, mientras servían como misioneros de construcción. En 1962, Samoa se convirtió en uno de los primeros países fuera de los Estados Unidos en tener una estaca y en 1974 se convirtió en el primer país organizado completamente en estacas, sin distritos pequeños. El Templo de Apia, Samoa, fue dedicado en 1983. Después del incendio de 2003, el templo fue reconstruido y rededicado.