Aunque algunos filipinos se unieron a la Iglesia en las décadas de 1940 y 1950, el crecimiento se aceleró rápidamente en 1961, cuando el gobierno otorgó reconocimiento legal a la Iglesia y los misioneros comenzaron a enseñar en el país. La primera estaca de Filipinas se organizó en 1973 y, para 2017, ya se habían organizado más de cien estacas. Filipinas ahora tiene varios templos en funcionamiento y muchos otros en construcción.
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Algunos filipinos se unieron a la Iglesia en las décadas de 1940 y 1950, pero la obra misional no comenzó en Filipinas de manera formal hasta 1961. A partir de entonces, esta se aceleró rápidamente. Para finales de la década, la Iglesia estaba establecida en ocho islas principales. En 1973, se organizó la primera estaca en Filipinas. El fiel servicio de los Santos de los Últimos Días condujo no solo a la construcción del primer templo del país, dedicado en 1984, sino también a la apertura de un centro de capacitación misional local y a la traducción de materiales de la Iglesia a varios idiomas que se hablan en Filipinas. En la década de 1990, el número de miembros de la Iglesia aumentó a más de un cuarto de millón.
Los santos filipinos se han esforzado por edificar su vida y sus congregaciones sobre “la roca de nuestro Redentor”, un fundamento firme contra los problemas del mundo (Helamán 5:12). Trabajando en estrecha colaboración entre sí, y junto a miembros de la Iglesia de todo el mundo, los Santos de los Últimos Días filipinos han brindado refugio y auxilio a sus compatriotas durante desastres naturales, han desarrollado habilidades adicionales a fin de proveer para su familia y mejorar su comunidad, y han tratado de vivir como ejemplos de rectitud y amor a la manera de Cristo. Filipinas cuenta con la cuarta población más grande de Santos de los Últimos Días en todo el mundo: los miembros adoran en más de cien estacas y en dos templos, mientras esperan la finalización de cinco templos más.