En 1979, un año después de la revelación que extendía todas las bendiciones del Evangelio restaurado a las personas de ascendencia africana, muchos kenianos comenzaron a investigar la Iglesia. En febrero de 1991, la Iglesia recibió reconocimiento y comenzó a crecer con rapidez. En 2017 se anunció la construcción del Templo de Nairobi, Kenia.
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A finales de la década de 1960, los Santos de los Últimos Días estadounidenses que estaban expatriados en Kenia realizaban servicios religiosos en sus casas. Esta práctica continuó durante los veinte años siguientes, y los santos invitaban ocasionalmente a sus amigos y vecinos a sus reuniones, compartían literatura de la Iglesia y enseñaban el Evangelio de maneras pequeñas y privadas. Durante ese tiempo, los kenianos que vivían en el extranjero también se encontraron con Santos de los Últimos Días, y algunos fueron bautizados.
En 1979, un año después de la revelación que extendía todas las bendiciones del Evangelio restaurado a las personas de ascendencia africana, muchos kenianos comenzaron a investigar la Iglesia. Muchos de los que aceptaron el Evangelio restaurado procuraron el bautismo; sin embargo, algunas autoridades locales eran hostiles hacia el nuevo grupo religioso y no permitían que la Iglesia efectuara ordenanzas. Durante muchos años, esos santos practicaron su fe en privado con paciencia, ayunaron y oraron con la esperanza de que se los reconociera, y trabajaron diligentemente para convencer a las autoridades. Finalmente, la Iglesia recibió el reconocimiento en febrero de 1991. Por medio de esa prueba, los santos kenianos hallaron “glori[a] en las tribulaciones” y razones para regocijarse “en la esperanza de la gloria de Dios” (véase Romanos 5:1–5).
Después de obtener reconocimiento, la Iglesia creció rápidamente. Las tres ramas de la zona de Nairobi en 1991 pronto se convirtieron en muchas, a medida que los miembros invitaban a sus amigos y vecinos a unirse a ellos, y nuevos conversos eran bautizados en todo el país. En septiembre de 2001 se organizó la Estaca Nairobi, Kenia.
Por medio de su fiel servicio, los santos kenianos han trabajado junto a sus vecinos para edificar comunidades, aumentar el acceso a los recursos y compartir la luz del Evangelio.
La construcción del Templo de Nairobi, Kenia, se anunció durante la Conferencia General de abril de 2017.