A principios de la década de 1950, se organizaron ramas para el personal militar, sus familias y otros Santos de los Últimos Días expatriados que vivían en Guam. A finales de la década, se dedicaron los primeros centros de reuniones de Guam para dar cabida a las ramas en constante crecimiento.
Visita la Sala de prensa para ver los acontecimientos actuales de la Iglesia en Guam.
Al final de la Segunda Guerra Mundial, los Santos de los Últimos Días que servían en las fuerzas armadas de los Estados Unidos y que estaban estacionados en Guam comenzaron a reunirse en grupos informales. A principios de la década de 1950, se organizaron ramas para el personal militar, sus familias y otros santos expatriados que vivían en Guam. Con el apoyo de los misioneros de la Misión Japonesa, los miembros comenzaron a compartir el Evangelio con sus vecinos. A finales de la década, se dedicaron los primeros centros de reuniones de Guam para dar cabida a las ramas en constante crecimiento.
Los santos de Guam han trabajado en estrecha colaboración con sus vecinos. En medio de las celebraciones, las inclemencias meteorológicas tropicales y la renovación cultural, los miembros han prestado servicio, han enseñado y han traducido. En la década de 1970, el pueblo indígena chamorro, cuya lengua y cultura habían sido reprimidas durante generaciones, comenzó a reunirse con los miembros y misioneros. Después del bautismo de los primeros conversos chamorros, María y Donald Calvo, en mayo de 1977, María comenzó a trabajar en la traducción del Libro de Mormón al chamorro. María esperaba que la traducción ayudara a otros conversos chamorros a aprender el Evangelio en su idioma y que contribuyera a la preservación de su lengua. Cuando se publicaron sus selecciones en 1989, el poder legislativo guameño adoptó una resolución que reconocía la traducción del Libro de Mormón como un “logro muy importante” en la preservación del idioma chamorro.
Aunque la guerra estimuló el establecimiento de ramas en Guam, los santos del lugar se han esforzado por “guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz” (Efesios 4:3) al trabajar con sus vecinos.