La Polinesia Francesa, formada por más de cien islas en el centro-sur del océano Pacífico, es una colectividad de ultramar de Francia. Si bien la actividad religiosa de los Santos de los Últimos Días no siempre ha sido fácil en la Polinesia Francesa, hoy en día residen allí miles de Santos de los Últimos Días.
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En 1843, el profeta José Smith y el Cuórum de los Doce Apóstoles llamaron a cuatro misioneros para llevar el Evangelio “a las islas del mar” en el Pacífico (Doctrina y Convenios 133:8). En Tubuai, Addison Pratt se convirtió en el primer misionero Santo de los Últimos Días en predicar en un idioma distinto al inglés. Benjamin Grouard estableció la Iglesia en las islas Tuamotus; los primeros conversos nativos, Haametua y Hamoe, sentaron las bases para el crecimiento de la Iglesia en Tahití. Telii, una de las primeras personas en ser bautizadas por Pratt, enseñó a los conversos tahitianos a cantar himnos Santos de los Últimos Días, los cuales ellos adaptaron a los estilos de canto polinesios.
En 1852, en medio de conflictos religiosos entre franceses e ingleses, los misioneros Santos de los Últimos Días fueron expulsados de las islas. Durante los siguientes cuarenta años, los santos de la Polinesia Francesa mantuvieron la fe a pesar de la persecución. Los santos de Anaa, por ejemplo, fueron atacados y cinco fueron ejecutados tras un altercado con un oficial de policía. A pesar del contacto limitado con las Oficinas Generales de la Iglesia, los líderes locales soportaron encarcelamiento, difundieron el Evangelio y organizaron una Sociedad de Socorro.
Después del regreso de los misioneros en 1892, los programas de la Iglesia se establecieron más plenamente y comenzaron las labores de publicación. Los santos construyeron centros de reuniones, se reunieron para conferencias y organizaron grupos de canto. En 1963, un grupo de santos viajó a Nueva Zelanda para asistir a las primeras sesiones del templo en tahitiano. En 1983, el presidente Gordon B. Hinckley dedicó el Templo de Papeete, Tahití. Hoy en día, los santos de la Polinesia Francesa honran sus profundas raíces en la Iglesia al tiempo que tienden una mano de servicio a su comunidad.