La huella medioambiental de la Iglesia se extiende a través de sus miembros y su funcionamiento en todo el mundo. Del mismo modo, la Iglesia se esfuerza por influir de forma positiva en cada comunidad donde está presente.
Desde reducir el uso de plástico hasta instalar cajas de insectos [hoteles de insectos o asilos de insectos], hay innumerables formas en las que cada uno de nosotros puede participar en el cuidado de la tierra, individualmente y como parte de la comunidad.
“Un esfuerzo unificado en el que los gobiernos, los líderes religiosos y de la comunidad, los medios de comunicación, las industrias, los expertos, y las familias trabajen juntos es la manera de lograr el noble objetivo de revitalizar la tierra y a la familia humana en general. Ruego que aceptemos esto como una comisión sagrada”.