1990–1999
El gozo y la miseria
Octubre 1991


El gozo y la miseria

“El gozo es la mayor de los sensaciones de bienestar y se recibe al estar en armonía completa con nuestro Creador y Sus leyes eternas.”

Una de las revelaciones mas grandes de Dios es la enseñanza que le. dio a nuestro Padre Lehi de que “existen los hombres para que tengan gozo” (2 Nefi 2:25). El gozo es más que la felicidad. El gozo es la mayor de las sensaciones de bienestar. Es el resultado de estar completo y en armonía con nuestro Creador y Sus leyes eternas.

Lo contrario de gozo es la miseria. La miseria es peor que la desgracia, el dolor o el sufrimiento. La miseria es el estado mas elevado de desacuerdo con Dios y Sus leyes.

El gozo y la miseria son emociones eternas cuyos puntos culminantes quizás nunca lleguemos a experimentar en la vida mortal. En esta vida experimentamos algunas emociones similares a las que llamamos felicidad o placer y desgracia o dolor. En medio de estas emociones esta el sufrimiento. A veces el sufrimiento viene por nuestros propios pecados o por los de otras personas, pero gran parte del sufrimiento es un elemento inevitable de la condición mortal, como una herida accidental.

Hace dos años ocurrió un ejemplo de estos dos extremos de emociones. Como parte de una actividad al aire libre, un grupo de Boy Scouts de la Iglesia visitó una mina abandonada en las montañas, no lejos de aquí. Por alguna razón, el niño Joshua Dennis se separó del grupo y se perdió en la mina. Todo el que alguna vez haya perdido algo de valor recordara ese terrible sentimiento. El dolor es mas intenso cuando lo que perdemos es un ser querido. Los familiares y amigos de Joshua temían que la pérdida fuera permanente .

Se organizó la búsqueda y por días mucha buena gente dejó de lado todos sus quehaceres para buscar al extraviado. Muchos compartieron el dolor de la perdida. Mas tarde, en forma milagrosa, se le encontró. Las oraciones habían sido contestadas y la misericordia de un Padre Celestial amoroso se veía de manifiesto en la felicidad de los familiares y amigos reunidos con el que se había perdido. El dolor de la perdida se transformó) en un gozo sobrecogedor al reunirse con el. (Véase “Joshua Dennis: Un tesoro de fe”, Liahona, agosto de 1991, “Sección para los niños”, pág. 14.)

Pocas experiencias ilustran mejor los sentimientos mortales de gozo que se experimentan al encontrar algo que dábamos por perdido. Las Escrituras ilustran esta experiencia. En la parábola de la oveja perdida, el pastor invita a sus amigos a gozar con el porque había “encontrado [su] oveja que se había perdido” (Lucas 15:6). “Os digo”, explica Jesús, “que así habrá mas gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente” (Lucas 15:7). En otra parábola un padre se goza por el regreso de su hijo pródigo, explicando que “este tu hermano era muerto, y ha revivido; se había perdido, y es hallado” (Lucas 15:32).

Estas experiencias son un símbolo de nuestra jornada eterna. La Caída nos ha separado de nuestro hogar celestial y debemos escoger cual camino seguiremos. A Satanás, que se separó de Dios y se perdió en forma permanente, le gustaría que nuestra separación también fuese permanente. Nuestro Padre Lehi enseñó que la finalidad de Satanás es hacer que el hombre sea miserable. “Y porque había caído del cielo, y llegado a ser miserable para siempre, [Satanás] procuró igualmente la miseria de todo el genero humano” (2 Nefi 2:18; véase también el versículo 27). Aquellos que ceden a sus tentaciones están en camino al mismo destino miserable que el. Alejados de la presencia de Dios, estarán en “un estado de miseria y tormento sin fin” (Mosíah 3:25; véase también S), y como dijo el Señor, refiriéndose a los inicuos, “miseria será su destino” (véase Moisés 7:37).

Gran parte de la miseria que Satanás fomenta se debe a perdidas. Satanás experimentó esa clase de miseria cuando perdió su primer estado y ahora trata de causar perdidas similares entre aquellos que han llegado al estado mortal, o el segundo estado. Satanás favorece la perdida de la virtud, de la integridad, de la reputación, de los ideales, de las amistades sanas y aun de la vida.

En contraste, nuestro Padre Celestial nos creó con la capacidad de resistir y superar tales perdidas, ser sanos y tener gozo. Desea que regresemos a El y nos ha dado la forma de hacer posible esa reunión. Con toda razón decimos que Su evangelio es una “voz de misericordia del cielo, … una voz de alegría para los vivos y los muertos; buenas nuevas de gran gozo” (D. y C. 128: 19) . Nuestro Creador desea que seamos felices en esta vida. El Profeta José Smith enseñó que la “felicidad es el objeto y el propósito de nuestra existencia” (Enseñanzas del Profeta José’ Smith, pág. 312). Las cosas de la tierra fueron creadas para nuestra felicidad, y sobre esto la revelación moderna nos dice que “todas las cosas que de la tierra salen … son hechas para el beneficio y el uso del hombre, tanto para agradar la vista como para alegrar el corazón” (D. y C. 59: 18). Aun en el día de reposo, un día de adoración, el Señor desea que tengamos “corazones y semblantes alegres” (D. y C. 59:15). Incluso un profeta se refirió al evangelio como “el gran plan de felicidad” (Alma 42:8).

¿Cómo buscamos la felicidad o el gozo? El Rey Benjamin invitó a su pueblo a que considerara “el bendito y feliz estado de aquellos que guardan los mandamientos de Dios. Porque he aquí, ellos son bendecidos en todas las cosas, tanto temporales como espirituales; y si continúan fieles hasta el fin, son recibidos en el cielo, para … morar con Dios en un estado de interminable felicidad” (Mosíah 2:41).

El Padre Lehi explicó que si Adán y Eva no hubieran pasado por el proceso al que llamamos la Caída, habrían permanecido para siempre en su estado inicial de inocencia, “sin sentir gozo, porque no conocían la miseria; sin hacer lo bueno, porque no conocían el pecado” (2 Nefi 2:23).

Nuestros primeros padres reconocieron ese principio. Cuando el Espíritu Santo descendió sobre ellos y dio testimonio del Padre y del Hijo, Adán bendijo el nombre del Señor, declarando que “a causa de mi transgresión se han abierto mis ojos, y tendré gozo en esta vida” (Moisés 5:10). Con gran inspiración, Eva explicó el propósito de la vida y la fuente del gozo:

“De no haber sido por nuestra transgresión, nunca habríamos tenido posteridad, ni hubiéramos conocido jamas el bien y el mal, ni el gozo de nuestra redención, ni la vida eterna que Dios concede a todos los que son obedientes” (Moisés 5:11) .

Cuando pienso en la felicidad y el gozo en esta vida, empiezo recordando algunas experiencias simples y básicas. Recuerdo la expresión del bebe de un año al dar los primeros pasos. Recuerdo a uno de dos años dedicado de lleno a devorar un helado de crema. Pienso en un niño acariciando a un perrito o a un gatito.

Si aquellos que ya son mayores no han perdido su sensibilidad física o espiritual por exceso o falta de uso, también pueden experimentar gozo en lo que es simple y básico: en las flores y el crecimiento de las plantas, en un amanecer o un atardecer, en otras bellezas de la naturaleza o en una amistad sana.

Otra fuente de felicidad y de gozo en esta vida es el logro de metas dignas, cosas simples como el ejercicio físico, o metas mas complejas como el logro de una tarea ardua.

Hay otras metas que tienen significado eterno. Su logro produce gozo en esta vida y la promesa de gozo eterno en el mundo por venir. Hace algunas semanas, en compañía del élder Rex D. Pinegar, vi un ejemplo de esto al visitar el bello Templo de Cardston, Alberta (en Canadá), recién renovado. En el cuarto de las novias había una hermosa joven vestida con su traje de novia. Estaba allí porque había hecho elecciones correctas. La mirada en sus ojos y la expresión de su rostro eran un ejemplo perfecto del gozo.

Pero a pesar de todo lo que podamos hacer, no podemos lograr el gozo pleno en este mundo o por medio de nuestros propios esfuerzos (véase D. y C. 101:36). Sólo podemos encontrar el gozo total en Cristo. Esta es la razón por la cual el ángel proclamó:

“… os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo que os ha nacido hoy … un Salvador, que es Cristo el Señor” (Lucas 2:10-11).

Podremos tener un gozo pleno solo cuando el espíritu y el cuerpo estén inseparablemente conectados en la gloriosa resurrección de la gloria celestial (véase D. y C. 93:33 y D. y C. 76:50-70). Este gozo se recibe, por supuesto, sólo mediante la misericordia del Santo Mesías, cuya resurrección rompió las barreras de la muerte y cuya expiación abrió las compuertas de la misericordia por la cual podemos limpiarnos de nuestros pecados y volver a la presencia de Dios para recibir la plenitud del Padre.

Con gozo proclamamos que “ninguna carne puede morar en la presencia de Dios, sino por medio de los méritos, y misericordia, y gracia del Santo Mesías” (2 Nefi 2:8). La misericordia de Dios es el único recurso para el gozo máximo y eterno, el cual restaura toda perdida, seca toda lagrima y elimina todo dolor. El gozo eterno trasciende todo sufrimiento; en esta vida y la venidera ese gozo se logra a través de la resurrección y de la remisión de pecados.

Recordando su vida anterior, Alma dijo que sus pecados lo hicieron sentirse “atormentado con las penas del infierno” (Alma 36:13). Dijo que se vio “atormentado … con las penas de una alma condenada” (Alma 36:16). Finalmente recordó las enseñanzas de su padre con respecto al Salvador que expiaría los pecados del mundo, y clamó dentro de su corazón: “¡Oh Jesús, Hijo de Dios, ten misericordia de mi … !” (Alma 36:18).

El milagro del perdón se llevó a cabo en su vida y el amargo dolor de los pecados fue reemplazado por el dulce gozo de la redención. Estas son sus palabras: “Y ¡oh que gozo, y que luz tan maravillosa fue la que vi! Si, mi alma se llenó de un gozo tan profundo como lo había sido mi dolor” (Alma 36:20).

Alma aprendió la verdad eterna de que el dolor y la miseria que resultan del pecado se pueden borrar sólo mediante el arrepentimiento. El dolor físico termina con la muerte; el dolor o miseria espiritual es sempiterno, a menos que la persona se arrepienta.

El Libro de Mormón habla de un pueblo completo que recibió la remisión de los pecados y “fueron llenos de gozo” y tuvieron “la conciencia tranquila” (Mosíah 4:3). El Rey Benjamin les recordó: “… habéis recibido la remisión de vuestros pecados, que ocasiona tan inmenso gozo en vuestras almas” (Mosíah 4:1 1).

El gozo que sigue a la remisión de los pecados proviene del Espíritu del Señor (véase Mosíah 4:3, 20). Es un cumplimiento de la promesa del Señor de que “… Te daré de mi Espíritu, el cual iluminara tu mente y llenara tu alma de gozo” (D. y C. 11:13). Y como enseñó el apóstol Pablo: “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz …”

(Gálatas 5:22). De la misma forma llega a todos nosotros, ricos y pobres, al prominente como al sencillo; al conferir su don mas grande de misericordia por medio de la Expiación, Dios no hace acepción de personas.

En contraste, aquellos que ceden a las tentaciones de Satanás, como dicen las Escrituras, gozan “de los deleites temporales del pecado” (Hebreos 11:25), pero esa clase de placer nunca lleva a una felicidad duradera o a un gozo eterno. El espíritu y la influencia de Satanás traen consigo sentimientos de confusión, contención, obscuridad, desorden, enojo, odio y miseria.

Las personas que sigan los caminos de Satanás ciertamente recibirán la miseria de Satanás y, a me no s que se arrepientan, permanecerán con “el padre de las mentiras, en miseria como el” (2 Nefi 9:9). Como dijera Alma a su hijo rebelde: “… la maldad nunca fue felicidad” (Alma 41:10) .

Nuestras experiencias personales y casi todas las emisoras y periódicos nos recuerdan a diario las desgracias y pesares que se sufren en esta tierra. Algunos están directamente relacionados con el pecado. Muchas cartas que llegan a las oficinas generales de la Iglesia describen el . dolor que las personas se causan unas a otras, a menudo de parte de miembros de la familia, de quienes debería provenir la fuente de gozo mas grande en la vida.

Hemos visto el dolor de los padres cuando los hijos se alejan del camino de la verdad; hemos visto el dolor que resulta cuando una esposa abandona a su familia y sale a buscar el placer en caminos prohibidos; como mariposa nocturna busca la llama; hemos visto el dolor que resulta en casos, que son los mas numerosos, de esposos que abandonan a su esposa e hijos en su autodestructora búsqueda del placer.

Otra desgracia resulta por el deseo de obtener poder y riquezas. Hace algunas semanas, en compañía de otras Autoridades Generales, visite un país que había sido gobernado por décadas por una dictadura opresiva que recientemente fue derrocada. Vimos las condiciones producidas debido a gobernantes que satisficieron sus deseos a expensas del pueblo; sus palacios se erigían en un vergonzoso contraste con las viviendas de los trabajadores, edificadas sin agua corriente interior. En todas partes vimos el desagradable efecto de la falta de servicios públicos. Con razón en Proverbios dice que “cuando domina el impío, el pueblo gime” (Proverbios 29:2).

Las consecuencias de la iniquidad abarcan demasiado; continúan de generación en generación. Las pobres víctimas del abuso físico, sexual y emocional son mas susceptibles a las manipulaciones de Satanás. Hay mas posibilidades de que perpetúen esas feas transgresiones dentro de sus propias relaciones familiares. Al igual que las enfermedades físicas extremadamente contagiosas, las enfermedades espirituales de lujuria, codicia y corrupción extienden sus efectos diabólicos y Satanás se regocija ante la desgracia y el dolor que causan en cada generación.

Hermanos y hermanas, jóvenes y ancianos, ruego que cada uno de vosotros recordéis que la maldad nunca fue felicidad y que el pecado conduce a la miseria. Jóvenes, no busquéis la felicidad en las atractivas pero corruptas cosas del mundo; no podemos lograr la felicidad duradera tratando de obtener lo equivocado. Alguien dijo una vez: “Nunca puedes obtener suficiente de lo que no necesitas, porque lo que no necesitas no te dará satisfacción”.

Jóvenes y adultos, alejad vuestros ojos y vuestros corazones de los mensajes negativos de los medios de difusión. No hay felicidad en el alcohol ni en las drogas, solo esclavitud. No hay felicidad en la violencia, sólo dolor y lamentos. No hay felicidad en las relaciones sexuales ilícitas ni en las caricias impúdicas fuera de los lazos del matrimonio, sino sólo degradación y un aumento del impulso que lleva por el camino de la muerte espiritual.

No hay felicidad duradera en lo que poseemos; la felicidad y el gozo resultan por lo que la persona es y no por lo que posee o por lo que aparente ser. Jóvenes, aferraos firmes a vuestras normas; estudiad y utilizad ese folleto salvador titulado La fortaleza de la juventud.

La justicia fomenta la justicia; los efectos de los ejemplos rectos son palpables en las generaciones por venir. Los buenos padres producen jóvenes que serán buenos padres. Así como muchos de nosotros hemos sido fortalecidos por los nobles ejemplos de nuestros antepasados pioneros en muchos países, así también las buenas elecciones y los sacrificios que hagamos hoy día bendecirán a nuestras familias, nuestros amigos y nuestros países en todos los años venideros.

Apreciamos la labor de aquellos que trabajan en nuestro periódico, el Church News, y en las revistas de la Iglesia al publicar artículos positivos sobre ejemplos dignos y sanos que nos fortalecen a todos. Lamentamos los ejemplos negativos destacados en los medios de difusión y en otras comunicaciones publicas. Los ejemplos en si son poderosos y se deben utilizar para edificar y no para degradar.

Testifico sobre la felicidad duradera y el gozo máximo de aquellos que ejercen la fe en Dios y guardan sus mandamientos. Espero que todos busquéis el gozo que se logra por guardar los mandamientos de Dios y por ser una buena influencia para nuestros seres queridos.

Testifico en cuanto a la veracidad de la promesa de Dios de que los fieles “entraran en el gozo de su Señor y heredaran la vida eterna” (véase D. y C. 51:19). Testifico de Dios el Eterno Padre y de Su Hijo Jesucristo, los autores del gran plan de felicidad y misericordia. Ruego que hagamos lo necesario para lograr la felicidad y la paz en esta vida y el gozo y la vida eterna en el mundo venidero, en el nombre de Jesucristo. Amén.